En el corazón de la zona fundacional de Cancún, cerca de parque Las Palapas, está La Habichuela, un restaurante clásico para los amantes de la comida regional con mucho color y sensaciones.

 

 

Luciano Núñez

 

Puede que un día estés dando una vueltas por el centro de Cancún y encuentres el restaurante La Habichuela. Puede que además tengas la fortuna de que esa noche esté acomodando las mesas Armando Pezzotti, su dueño, que siempre le gusta arreglar los manteles, tomar las llamadas de las reservas y, además, se acerque a contarte alguna historia.

A mí me ha contado muchas: las de su época de artesano hippie, cuando hacía chamarras de piel y corbatas de gamuza que fascinaban a los burócratas de las primeras oficinas de Cancún, o las de su época de miembro del club de surf con el que se iban hasta Isla Mujeres conversando sobre las tablas.

Ahí está casi siempre, acompañando a sus meseros canosos que ya se saben las historias que ha repetido su dueño y promedian 30 años de servicio. El local aloja 45 años de recuerdos y se puede afirmar que es una huella dactilar del centro de Cancún.

Todo un clásico

Si bien las pastas no dejan nada que pedirle a una casa de comida italiana, he optado por una recomendación de la casa: trenza de calamar a la parrilla, que está acompañada con una encebollada en salsa de tamarindo y una flor hecha toda de jengibre.

“Yo inventé ese platillo”, se ufana Armando cuando pasa al lado de la mesa. “Ya es un clásico de La Habichuela”, remata. El toque de ajo en dosis justas es un perfecto compañero para el platillo que entra por los ojos con tres colores fuertes y se suaviza en el paladar.

Un párrafo aparte son los platillos regionales, como la cochinita que tiene sazón local y es una explosión de sabores para cualquier extranjero que se consagre a experimentar nuevos horizontes culinarios.

 

Tradición culinaria

Sin dejar de ser un restaurante para turistas, la localía está sutilmente preparada y aterrizada en el hecho de haber instaurado un menú ejecutivo (para almuerzo), en el que se puede comer un filete de pescado al amaranto, por 305 pesos, algo así como 15 dólares (el precio incluye entrada, plato fuerte y postre, con muchas opciones a combinar).

El restaurante poco ha cambiado desde que lo conocí hace poco más de diez años: es una mezcla de luces, adornos, sillas estilo pavorreal y árboles, mucha vegetación en ese jardín por el que han pasado comensales de todo tipo. El ambiente es bohemio y soñador, como dice la letra de “Suéñame Quintana Roo”, de Ricardo Ceratto.

Destaca también el paté de entrada, con trozos de naranja y un toque de mermelada. Todo esto a un precio más que accesible para una tradición culinaria de Cancún.

Puede que vengas a Cancún, pero si no has escuchado alguna de las historias de don Armando, la experiencia culinaria no ha sido completa.

Abierto de 12:30 a 23:00 horas

Ubicación  10 Margaritas 25-Mz 20, 22, 77500 Cancún, Q.R.

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