Sid Dangerous

 

Él es un punk de la vieja escuela, sale con sus botas mineras, chamarra con estoperoles, lentes oscuros, pantalones de mezclilla entubados, una ˂˂cresta˃˃ pintada de arcoíris y una grabadora Lasonic Trc-931 en el hombro izquierdo. En su pecho se puede leer: ˂˂Ni Dios ni Amo˃˃, mientras se abre paso por la avenida principal. En el aire suena una cinta de Solución Mortal. Pobre Sid Dangerous, no se da cuenta de que su rebeldía se mimetiza con el caos de la ciudad.

 

Un soldado en cada hijo te dio

5:50 a. m. Abordo mi auto para dirigirme al trabajo, prendo la radio, su hiss me mantiene más despierto que el café.
6:00 a.m. ˂˂Mexicanos al grito de guerra, el acero aprestad y el bridón…˃˃; me encuentro en la Av. Principal en medio de un centenar de autos. Avanzamos lento. No sé si ocurrió otro accidente, una manifestación, o…
6:40 a.m. ˂˂Dice el secretario de la defensa que México no es una fosa común…˃˃; otro retén. No debí haber agarrado el tramo más corto.
7:35 a.m. ˂˂Pasadito de la media. Vámonos con el resumen…˃˃. Otra vez llegaré tarde.

 

Síndrome de Estocolmo

Ha perdido la razón, es un trabajólico. No ha logrado nada, más que el silencio de la fe ciega hacia el dinero.

 

La última caída

Con rostro en el piso, una bota sobre él y con más de medio siglo encima, el Vengador Anónimo recuerda sus días mozos en la Arena México. En su vitrina de caoba asoman más de 15 máscaras ganadas en combate y dos cinturones de campeonato mundial. Piensa en patear las piernas de su contrincante, brincar sobre él y hacerle una llave china hasta quitarle el aire, así le había arrebatado el campeonato al Demon Blue. De aquello ni quién se acuerde. Ahora sólo le queda luchar con la violencia citadina de la gran ciudad que le apunta con una escuadra calibre 55 mm, mientras le ofrece cambiar sus pertenencias por su vida.

 

 

Un perro nuca muerde la mano que le da de comer

Llevaban varios días buscando rastros de vida, los gases soltados para el exterminio de ˂˂los desarropados˃˃, por una extraña circunstancia no habían sufrido efecto en algunos. El chichipata y Junior eran de estos últimos. La ciudad era un cementerio; los edificios estaban en pie, sólo lo que alguna vez era vida, agonizaba. Dormían donde les caía la noche y al otro día nuevamente seguían su camino sin dirección, sólo un carrito de súper mercado vacío los acompañaba. Habían pasado varios días, el hambre y la sed apremiaban.
El chichipata despertó a media noche, no podía más, y con la luz de la luna llena y empuñando un tubo, dirigió una mirada a Junior, sus ojos eran de compasión, de lastima, de perdón… junior supo de inmediato que era cuestión de vida o muerte, así que sin más, se lanzó contra su amo con las fauces abiertas y los colmillos dispuestos a desgarrarle la yugular.

 

 

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Mauricio Ocampo C. Poemas y cuentos suyos han aparecido en varias antologías de México, España y Argentina, así mismo, ha prologado varios libros. Sus publicaciones más recientes son los libros También los CERDOS tienen alas (2017), Abyectario  (2018), Paraphiliacs en 7 tomas (2019) y Fosa común (2020), todos en ATZ ediciones. Su poemario, La inmolación de los itzaes, recibió mención honorífica en el XIX Premio Peninsular de Poesía “José Díaz Bolio”. Actualmente colabora en la revista literaria Tropo a la uña.

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1 comentario

  1. Gracias Mauricio por compartir tus letras para asomarnos a otros mundos imaginarios. Saludos

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