Minificciones

 

Minificciones

 

 

El moderno Posmoderno

 

Fueron mis trenzas escandinavas las que se atoraron en los rayos de esta bicicleta ecológica cuando quise peinarme la barba de leñador, y abotonarme el cuello de mi camisa amarilla a cuadros con líneas rojas, muy a lo Miró.

Al caer a la empedrada biciruta, mi tóper se abrió y mis pedacitos de apio deshidratado se esparcieron, ensuciando la portada de mi libro de Sartori, y las notas que había preparado para mi lectura en la terraza del Bar Las Hormigas, claro, en la Casa del Poeta de la Colonia Roma, ¿dónde más?, con los amigos hermanos de la cofradía intelectual, antes de que las autoridades nos dijeran que se cancelaba todo por la Contingencia Ambiental.

Tanteando el suelo, intentaba encontrar mis lentes de armazón color naranja, y recordé que los lentes sólo los uso porque me veo más chic; así que abrí los ojos para orientarme mejor. Me vi tirado junto a las oficinas de la editorial Sexto Grifo, y sentí irritación por los libros tan caros de esta editorial, y envidia positiva por querer trabajar con ellos, leyendo y corrigiendo a tan grandes autores.

Le agradecí a Cthulhu, los pensamientos positivos que me alejan de ser mordaz y sarcástico, y me puse de pie, acomodando mis tirantes calvertt. Pero sentí un pequeño ardor y vi que, por usar bermudas de tela color naranja, me hice unos raspones en las rodillas.

Me sacudí entonces el poco de terraplén que se me había metido en la herida. Plugué al cielo como Maldoror, y me decidí en favor de Mahoma: “¡Temed lo que está delante y detrás de mí!”, dije buscando desde la libertad lectora la tranquilidad ante tantas ofensas de aquel día, de aquella ciudad, de aquellas autoridades indolentes a nuestras necesidades de cultura; y castigando a los infieles post colonizadores del pensamiento fue que tomé la decisión. Era ya el momento de poner fin a tanta infamia.

Los cuervos de mi renacida envidia condujeron mi empeño. Lo demás fue debido a mi esencia sigilosa; y ustedes pudieron verlo en las noticias. Krishna está contento con nuestros actos.

 

 

Lector

 

Este era un hombre tranquilo que disfrutaba de la lectura siempre que llegaba del trabajo. Las noches se le iban en permanecer despierto leyendo, entretenido y en paz.

El cansancio de su cuerpo comenzó a notarse. Pero él no claudicaba. Había siempre algo interesante que leer, y deseaba mantenerse cercano a sus libreros. Las noches eran el espacio necesario para sus emociones.

Por las mañanas supo darse cuenta de que su mente habitaba un cuerpo que le era indiferente, pero tenía que volverse un ser social y convivir, e incluso trabajar rodeado de gente.

Pero al volver junto a sus libros sentía la libertad que el mundo ordinario le arrebataba.

Hasta que un día que el sol lo alcanzó antes de cerrar uno de sus libros, pudo observar que aquel cuerpo flaco y envejecido ya no tenía energía para integrarse de nuevo a la sociedad, y como el pensamiento que ahora era todo él, decidió vagar de libro en libro por siempre.

A veces, cuando todo calla en mi hogar, escucho sus murmullos en mis libreros.

El hombre sigue ahí leyendo.

 

 

 

Especies invasoras

 

Como cada noche antes de acostarme a dormir salí a fumar. Dejé que mi gata me acompañara, Sirve que de una vez haces caca en el patio, le dije, confiando en su entendimiento. Pero apenas puso las patas en el jardín, a Popy se le erizó el lomo.

Fue cuando lo vi. Estaba colgado de una rama del framboyán; su cabeza casi tocaba el piso. Medía cerca de metro y veinte centímetros. No podía creerlo. Estos quirópteros abundan en Asia, pero no en la frontera de México. Pensé que, si han decomisado tigres de Bengala y leones africanos, un ‘zorro volador” como éste, se habría escapado de la casa de alguno de los comandantes de la zona.

La luz de la luna era intensa, me permitió observarlo por casi un minuto hasta que abrió los ojos, boca y extendió las alas. Había notado mi presencia y la de mi gata. Retrocedí asustado y cerré la puerta del patio interior. Popy corrió a resguardo detrás de mí.

El animal lanzó un chillido intenso al soltarse de la rama, lo vi aletear hasta pararse en el muro, encima de mi cabeza, mirándonos con profundas pupilas anaranjadas. Luego el animal saltó y agitando de nuevo las alas voló sobre nosotros. Me quedé en casa sin poder dormir, asomándome por la ventana a cada rato, preso de nervios por si regresaba. Sé que esa cosa seguirá buscando comida hasta saciarse.

 

 

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MinificcionesAdán Echeverría. Mérida, Yucatán, (1975). Profesor Investigador CISEAN-UANE. Doctor en Ciencias del Mar. Editor, columnista, poeta y narrador. Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodríguez Cirerol (2011), Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Sus libros más recientes: en poesía Ciudad abierta (2019), en cuento Tutlefem/Lerotic (ITCA 2020), en novela El corredor de las ninfas (2017). En literatura infantil ha publicado Las sombras de Fabián (2014).

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