Melbin

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En la literatura quintanarroense hay muy pocos ejemplos que muestren al mar como un set de fábulas y narrativas convincentes. Uno de esos pocos casos, a juzgar del lector, puede ser”Yalahau”, cuento inédito de Melbin Cervantes (Cancún, Quintana Roo), que presentamos en exclusiva para Vértice.

 

 

 

Yalahau


Melbin Cervantes

 

 

Para Renata

 

 

Yalahau era un joven tiburón de aleta negra que disfrutaba pasearse entre los bancos de arena para sentir el cosquilleo de las algas. Sobre él nadaban las sombras de otros escualos de su misma edad y especie que le superaban en longitud y músculo; Yalahau se sentía disgustado por tener aletas cortas, y hocico chato que le dificultaban pescar y convivir con los demás que se sentían incómodos al verlo.

Un día su padre le instó a cazar siquiera langostinos por su cuenta, para ya no depender de las sobras que dejaban los otros, aquellos: los “normales”; era imperdonable que un hijo suyo deambulara famélico por el arrecife siendo el hazmerreír del cardumen.

— De acuerdo —dijo el padre de Yalahau, con voz ronca y profunda—. Pescar langostinos no fue tan sencillo para ti como pensé. ¡Es como si fueras un tiburón hecho de algas!

— Lo lamento, padre… —interrumpió Yalahau, avergonzado de la protuberancia que tenía en el hocico, gracias al “toma y no me olvides” de una langosta, cuando acabó por vagar en las cuevas del fondo rocoso al perder la pista del arenal donde se ocultaban los langostinos.

 

Un trío de gaviotas se deslizaba suavemente sobre la mar turquesa, hasta reposar sobre sus barrigas llenas. Empezaban a alejarse siendo arrastradas por leves curvas de la marea, se alejaban de la ribera del atolón, hacia mar abierto.

El mar sonaba apenas.

Y de pronto el estruendo de mil aguas; como cuchilla el cuerpo de un tiburón asomó hasta la espina rompiendo la delicada tela acuosa. Devorando sin mesura al trío de gaviotas de un bocado.

— De esto, ni una jota —dijo el padre de Yalahau con varias plumas atascadas entre los dientes—. Ahora vas tú, que ya te he enseñado bastante. Y no regreses a casa sin haber terminado con esos pajarracos.

El padre de Yalahau se alejó dejando tras de sí una estela de espuma en cada vaivén de su cola.

Yalahau ensimismado en sus intenciones se alejaba de la zona donde las presas emplumadas solían agruparse. Para entonces él había saciado su apetito con trozos de calamar descartados por el cardumen al que Yalahau pertenecía.

— Un paso a la vez, ese es el plan  —murmuraba para sí mismo.

Para él engullirse al menos a una avecilla era acercarse un poco al respeto de su padre.

Mucho más tarde, una gaviota planeaba errante, absorta en su reflejo sobre el mar; siguió su espejismo sin darse cuenta de las muchas millas lejos del atolón; el cansancio le hizo sentir como si cargara el peso de la luna sobre sus costados y no pudo conservarse en el cielo. Sus patas pasaron en menos de lo que dura un graznido de arañar al cálido océano, a patear la gélida boca de Yalahau.

El ave extendió y mantuvo sus alas tan rígidas como pudo para no caer de lleno en la garganta del depredador.

—Por favor, tengo hijos —chilló la gaviota.

Yalahau sintió atragantarse con el cosquilleó de las plumas y abrió la mandíbula. El ave corrió sobre el agua, hasta aquietarse como una pieza de origami.

—Mi nombre es Mabel —dijo la gaviota sin detener el sollozo, después de haberle agradecido a Yalahau.

Las estrellas con sus larguísimos dedos de luz agujeraban la faz del océano. Mabel divisó las dunas como si hallasen un desierto vasto. Llegaban al atolón, luego de un largo camino en el que Mabel se plantó como ondeante banderín sobre la aleta primera de Yalahau que sobresalía del mar; de cuando en cuando Yalahau se hundía por costumbre, y Mabel no tenía más remedio que contener la respiración.

— ¡Apuesto a qué nunca te habías divertido tanto! —comentó Mabel.

—¿Qué es lo “divertido”? —dijo Yalahau.

Arriba un par de estrellas fugaces se desvanecían.

—Espera aquí, recompensaré tu buena voluntad.

Mabel intentó aletear, pero los dientes de Yalahau le habían lacerado.

Yalahau mostró preocupación por Mabel, pero… al pasar la lengua sobre sus dientes cuadrangulares sintió una que otra pluma, alegrándose por ello.

Sin pensarlo, el escualo desapareció de la ribera, dejando sola a la avecilla que buscaba con su medrosa mirada asirse a las ondas que bailaban tensas sobre la superficie del agua.

«Al llegar con padre, le sonreiré y él observará el plumaje; así pensará que me he comido a las aves», pensó Yalahau mientras se internaba en la oscuridad marítima.

Mientras que Yalahau se sumergía mucho más en la profundidad, sus pruebas de que supuestamente se había comido a la gaviota, se fueron limpiando cada vez que se deslizaba por las corrientes del mar. De esta manera, casi al llegar a su “cómodo” hogar, se dio cuenta que ya no tenía prueba alguna.

—¡No puede ser! —empezó a alterarse y sus opciones de repuesto se iban tornando borrosas y el único plan que pudo tomar era escapar y nunca volver.

Al momento de su anhelada huida escucho la voz ronca y gruesa de su padre.

—¡Yo sé que no lo lograste! —Yalahau paro por un momento por lo que dijo su padre.

—Si lo sabías, entonces ¿por qué me mandaste a que lo hiciera?  —el padre lo miro con ironía.

—Pensé que te acobardarías mucho más y que ya no volverías, pero no sé, si volviste porque tienes un poco de valentía o porque eres muy tonto. Nunca serás como los otros tiburones –Yalahau giró para mirar directamente a su padre.

—Así es, padre, no soy como los otros tiburones y es por eso por lo que no pertenezco aquí.

Yalahau nadó lejos de su padre, pero ya no estaba escapando; ahora estaba en búsqueda de algo para sí mismo.

 

 

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MelbinMelbin Cervantes. Cancún, Quintana Roo, 1991.  Antologado en Karst- Escritores de la península en 2016, Contramarea: breve antología de poesía joven de Quintana Roo (2017), Poetas de Q. Roo: Palabras de valor (2018), Sargazo: Antología literaria de jóvenes escritores quintanarroenses (2020). Autor de “Las huellas que dejó el silencio” (2016). Ganador del concurso “Calaveras en verso 2021” de la UQROO. Radica en Cozumel.

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