Payaso
Payaso
Obra: Edward Hopper

 

 

Aria para un payaso

 

Mariel Turrent

 

 

Me senté y pedí un café para esperarlo. Lo vi aparecer a la hora precisa, detenerse en el lugar indicado, abrir su estuche, sacar su violín y comenzar su acto. Observé su rostro detenidamente. Jamás lo hubiera reconocido con la cara enharinada y el atuendo de bufón y los años que llevaba a cuestas. Por un lapso, me perdí en su música y el tiempo desapareció.

Cuando su violín lloró las últimas notas de Vesti La Giubba, se me escapó una lágrima. En las mesas vecinas pude ver a otros secarse las mejillas: las damas delicadamente con un pañuelo, los hombres disimulados con la palma de la mano.

Su música me era tan familiar que pude volver a las tardes en la sala de mi casa infantil, cuando yo sentado en la alfombra hacía mi tarea y él enseñaba a mi madre a tocar el violín. Por un instante, volví a sentir celos; imaginé su mano en la de ella, las miradas furtivas. Por un instante, también pensé en mi padre… Pero mi mente adulta me devolvió al presente cuando él, sin saber quién era yo, se acercó con la bacina esperando unas monedas. Yo tenía sobre la mesa un cheque, a su nombre por una cantidad para él inaccesible. Se lo mostré y me miró confundido. “Siéntate”, le pedí. Me miró tratando de enfocar mi cara, de reconocerla. Después, con tiento, mirando a su alrededor, casi disculpándose, se sentó al borde de la silla y apoyó su bacina en la mesa. Le revelé mi nombre y le dije que había recibido su manuscrito. Su historia era impecable, leerla me había hecho llorar y reír. Gracias a esta, ahora entendía muchas cosas de mi pasado. Con la garganta anudada, le agradecí el amor que le tuvo a mi madre. Mi gratitud era genuina. Encendí un cigarrillo y se lo ofrecí; encendí otro y fumamos. Le dije que era un gran escritor, un gran artista en todos los sentidos —no mentí, siempre lo supe—, y que no tenía por qué vivir en la indigencia. Yo había conseguido que un amigo productor le comprara la historia. Él me sonrió. “La historia de tu madre no está en venta”, me dijo, y con una inflexión me dio las gracias. Reconocí esa mirada azul de antaño y apenado, retiré el cheque, lo rompí en cuatro pedazos y lo eché en la bacina. Se puso de pie, se acercó a míy casi susurrando me dijo: “Es todo lo que me queda, no puedo deshacerme de ella”.

 

 

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RitualMariel Turrent Eggleton (México, D. F., 1967). Ha publicado los libros “Desde adentro”(aforismos) y “Cajón de muertes y amores” (cuentos), y “La jornada del viento” y “Desnudeces de agua” (poemas). Obtuvo el primer lugar en el segundo Concurso de Cuento Juan Domingo Argüelles (1999). Es autora de la novela Hasta el último vuelo (Malix editores, 2018).

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