Cuento

Cuento | El reloj de Inglaterra (II) de Jorge Antonio Villalobos

el reloj de Inglaterra

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El reloj de Inglaterra (Parte II)

 

Por Jorge Antonio Villalobos

 

[…] Mañana sábado no pases por mí a la casa, sino a la oficina y hasta las dos, el ingeniero me pidió ir a trabajar, le dice Teresa a Miguel mientras toman un café. El viernes es el único día que están juntos hasta tarde, no porque no cuenten con autorización en sus respectivos hogares para salir entre semana, sino porque no laboran los sábados y sienten libertad para desvelarse. ¿Otra vez?, pregunta disgustado Miguel, ya con este son tres.Cuando Teresa trabaja los sábados, ella quiere regresar a casa temprano para dormir no pasadas las diez, lo que significa que hoy después del café la pareja no irá al motel al que últimamente han acostumbrado. Miguel está molesto, ya que no solamente el viernes será de abstinencia, sino el mismo sábado. Él pasaría por Teresa a las doce para ir a la presa, igual que todos los sábados desde que pactaron su amor. Como todo hombre rutinario, Miguel ante los cambios no tiene la capacidad de improvisar y se resigna a la idea de que no podrá tener relaciones con su novia ni hoy viernes ni mañana sábado, ya que después de la una y media, por lo general, la presa es objeto de visita de otros campistas. Teresa desea que Miguel le diga, oquei, son las ocho, vámonos ya para aprovechar el tiempo antes de dejarte en tu casa o que en vez de estar veinte minutos afuera de su casa en el coche, Miguel detenga el auto unas cuadras antes, en alguno de los tantos lugares oscuros que hay y le haga el amor. Quiere que Miguel los sábados en la presa, en el auto o donde fuera, aunque haya gente, encontrara la forma de hacerle el amor sin que nadie lo notara. Los domingos era imposible y no por ella, sino por él, ya que Miguel los dedica al fútbol, nada más se ven los domingos cuatro horas. Miguel juega fútbol los sábados y los domingos a las ocho de la mañana, por ello cuando Teresa no trabaja los sábados pasa por ella hasta las doce, ya que después del partido los jugadores van a desayunar y posteriormente acuden a unos baños públicos que cuentan con vapor. Los domingos, después del vapor, Miguel se dirige a ver los partidos de fútbol profesional. La sede para ver el partido es alguna casa de los jugadores incluido él, por turnos, excepto en los partidos de importancia, como finales o internacionales o entre equipos cuya rivalidad es añeja y famosa, para lo cual la sede es algún bar. El domingo Miguel y Teresa se ven en misa a las seis, toman alguna golosina afuera de la iglesia y visitan, como pareja formal, cada una de sus casas, comenzando con la de Miguel, para no dar dos vueltas de regreso a casa de Teresa,y la visita de Miguel en casa de su novia termina a las diez en punto. No estés enojado conmigo, igual y pues… Teresa no se atreve decir lo que piensa. Ya que nos casemos, tienes que decirle al ingeniero que no vas a trabajar los sábados o de plano pues dejas de trabajar. Teresa no está convencida de abandonar el trabajo, por la situación económica de sus padres, y le molesta que Miguel siempre haga comentarios como tienes que decirle al ingeniero, ella piensa que si él no está de acuerdo pues que él personalmente se lo digapero esto es lo que entre otras cosas no se atreve a comentarle. Está molesta con Miguel, consigo misma, con el ingeniero, llévame a la casa por favor. Miguel no dudó en llevarla, sin embargo, esa noche no estuvieron en el coche como siempre, pues aunque discutan aguardan en el auto, ya sea en silencio o, cuando no hay diferencias, besándose. Cuando Miguel detuvo el vehículo, antes de que se volviera a Teresa mira que ella sale del coche, rompiendo toda la rutina de Miguel que es abrirle la puerta. Miguel sale del auto, ¿Teresita, mi vida, mi amor, qué tienes? Por primera vez en todo su noviazgo, al escuchar las palabras mi vida, mi amor, Teresa siente a Miguel como a un jovencito de secundaria. Hasta mañana. Horas más tarde, Teresa no puede dormir, no siente remordimiento alguno, sin embargo, no concilia el sueño porque imagina que de un momento a otro Miguel llega a traerle serenata con un gran ramo de rosas. Quiere escuchar la voz de Miguel, sin las palabras mi vida, mi amor, diciéndole que la necesita, que la ama, que la desea. Pasan las horas y sigue despierta, en ratos caminando de un lado a otro o acostada en la cama. Sale de su recámara hacia la pequeña sala de la casa y toma el teléfono, llama a casa de Miguel. ¿Bueno?, ¿Bueno?, ella escucha a la madre de Miguel y aunque quiere colgar pregunta por Miguel. ¿Teresita?, ¿pasa algo mi vida? Miguel está bien dormido pero ahorita lo despierto. Teresa le pide a la señora que no lo despierte, ay señora perdóneme, simplemente quería saber si Miguel estaba en la casa, por favor, por lo que más quiera no le diga que llamé, por favor. La señora le jura a Teresapor la virgencitaque no le dirá nada a su hijo, aunque en la mañana ante la pregunta de don Miguel y de Miguel sobre quién había llamado, la señora les da toda la reseña, ay hijito, pues está enamorada, ¿qué quieres?, es normal, viernes por la noche, pensó que andarías por ahí ya de noche y pues habló para asegurarse de que no te fuistes de farra, como anoche se pelearon, me di cuenta porque llegastes de malas, como no cenastes’n. No le vayas a decir que te dije por favor Miguelito. Miguel mira el reloj, las siete y media, no se atreve a llamar a Teresa tan temprano, aunque sabe que en su casa ya están despiertos, sin embargo, no es hora de llamadas. Además seguramente Teresa está bañándose para ir a la oficina. En efecto, Teresa está en la ducha. Miguel no conoce el cuerpo de Teresa, si bien la ha penetrado y ha tocado sus caderas y sus pechos, todo ha sido con luz apagada cuando toca viernes de motel, o vestidos, los sábados de día de campo. Miguel no ha visto bien el color moreno del cuerpo de Teresa, más pálido en los muslos, glúteos, vientre, espalda y pecho. Teresa no es muy hermosa pero sí su cabellera, sus brazos son delgados pero sus piernas, nalgas y senos son grandes, firmes y carnosos. Extraña a Miguel, quisiera que él fuera quien en ese momento deslizara el jabón sobre su piel, que viera que cada uno de sus senos abarcaría toda la palma extendida de Miguel, que sus pezones son gruesos, largos y oscuros y que la areola de estos es del tamaño de la boca abierta de Miguel. Se aprieta ambos pechos con sus manos, sus pezones están más erectos de lo que ella recuerda y sigue pensando en Miguel. En segundos se descubre sola bajo el chorro de agua y llora, esperaba sentir en sus labios la oreja, la frente o el cabello de Miguel mientras él le besa el seno, empero solamente había agua corriendo sobre ella. Se convence de que lo que necesita es casarse con Miguel de una vez y poder estar juntos, dormir, bañarse, todo juntos, que un sábado de trabajo no sea motivo suficiente para que no puedan amarse.

 

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Miguel sale rumbo a su partido de fútbol con una euforia perceptible. Hoy no irá a desayunar con sus amigos ni al vapor. Terminado el partido irá a su casa, se dará un baño, saldrá a comprar unas flores y el anillo de compromiso que desde hace un mes había visto, no tiene el dinero suficiente pero le pedirá a su padre que lo pague con su tarjeta de crédito y él se lo irá pagando poco a poco. Hoy le pedirá formalmente a Teresita que se case con él. Teresa toma un desayuno de fruta y yogurt. A las ocho cuarenta y cinco sube al camión que la lleva a la oficina. El ingeniero está retrasado, ella lo espera media hora y el ingeniero no aparece pero lo más extraño es que tampoco ninguna otra persona ni el contador ni la jefa de créditos, que por lo general acuden a la oficina todos los sábados, ella solo acude cuando su jefe se lo pide, por eso espera afuera en la calle. Piensa que quizá hubo algún cambio y el ingeniero, tan caballeroso para con ella como el discurso del pinche baño, no le informó. Estaba irritada pero ahora no iba a llorar, por primera vez en su vida maldijo en voz alta, ¡puto ingeniero! En ese instante escuchó ¡Teresita!, ¡Teresita!Es el ingeniero Velasques que viene caminando hacia la oficina por la acera al otro lado de la calle. Ya a unos metros de ella le dice, pero qué cara Teresita, se ve que no dormiste bien ¿eh?, perdóname, el señor gobernador y sus pendientes, perdóname, tuvimos un desayuno con él y quiere varias cosas para su informe, en fin. Cuando estuvo frente a Teresa se acercó con una familiaridad nueva, que ella notó desde el tuteo, como si fueran viejos amigos. Él le da un beso en la mejilla, lo cual nunca había hecho antes, y después abre la puerta de la oficina. Así que ya verás todos los pendientes que tenemos, aunque primero… en fin, ahorita nos organizamos. Ella sigue extrañada con el trato del ingeniero. Una vez en la oficina, ella trae las cosas necesarias para sus actividades cuando el ingeniero le ordena café.Ella sirve el café del ingeniero y un té de manzanilla para ella. Teresa ocupa una de las sillas frente al escritorio de su jefe y él se recarga sobre el escritorio ante ella, lo que nuevamente desconcierta a Teresa. Lo mira interrogante y él confiado en la timidez de su secretaria se sincera. Teresa, voy a ser claro, hoy no vino nadie porque quiero estar a solas contigo. Tú me gustas y quiero que entre los dos exista una relación especial. Sé que no esperabas esto,sin embargo, Teresa desde que notó tanta familiaridad y el tuteo sospechó las intenciones del ingeniero, pero quiero que lo veas como una oportunidad de ser alguien especial, de sentirte apoyada y respaldada, tanto emocional como económicamente, y sin más preámbulos el ingeniero fue directo al grano,¿te gustaría pasar conmigo el fin de semana en San Miguel de Allende? Teresa no sabe qué responder, por una parte está indignada por la propuesta y por la otra el cinismo del ingeniero la lleva a pensar que igual todo se trata de una broma, porque no puede creer tanta desfachatez. Después de unos segundos en los que buscó a qué sentimiento asirse, vino a su mente Miguel y sus padres y unas pocas lágrimas le brotaron de los ojos que inmediatamente limpió con una mano. Mire ingeniero, para empezar yo soy una mujer decente y yo no siento nada por usted… pero puedes llegar a sentir algo, fue interrumpida por el ingeniero. Nuevamente ante tal seguridad del ingeniero se sintió confundida y notó que ya no estaba llorando, que empezaba a ser invadida por el enojo. Ingeniero, yo tengo novio… Teresa no me vengas con esas pendejadas, Teresa lo mira anonadada.Mírate, eres mucha mujer para el babosito de tu novio, es buen muchacho, sí, no lo dudo, trabajador y de buenas intenciones pero Tere… continúa con un todo de voz severo,para ser feliz en la vida no basta ser bueno, trabajador y tener buenas intenciones, también hay que ser inteligente y tu noviecito no es más que un pobre pendejo cuya vida gira en torno al fútbol, tú estás después de su mamá y del fútbol, se nota en su forma de ser, si quieres vamos a su oficina en este momento, ¿qué es lo primero que ves al entrar? Un poster de su equipo de fútbol, muñequitos de fútbol, una camisa de su equipo en el respaldo de su silla, una imagen de la virgencita de Guadalupe y una foto de sus papás. ¿Qué te espera con él? ¿Amor? ¿Crees que el amor lo es todo? Tere, el dinero no es la felicidad pero te ayuda mucho. Teresa se levanta de la silla, no le importa si es despedida, se aferra a la imagen de Miguel, de sus padres, de su dignidad. Ingeniero, yo lo tenía en otro concepto, no vuelva a tocar el tema, no quiero perder mi trabajo… Pues si no lo quieres perder… ya ves, hay que ser más inteligente… Pues si me quiere despedir es asunto suyo, espero que lo reconsidere pero simplemente no voy a aceptar nada de lo que me propone. Teresa sale de la oficina, mira su reloj y apenas son las diez de la mañana, Miguel seguramente está desayunando con sus amigos. Camina rumbo a su casa, la cual está a varios kilómetros del centro de la ciudad, donde se ubica la oficina, hasta que los tacones de sus zapatos la cansan y decide esperar el camión. Cuando llega a su casa se dirige a su cuarto y en la cama se pone a llorar hasta que se queda dormida.

A las dos de la tarde Miguel está afuera de la SEPSOE pero no encuentra a Teresa. Mira a través de las ventanas y observa que no hay nadie. Piensa que seguramente terminaron más temprano y llama a casa de Teresa desde su teléfono celular. En casa de Teresa su madre contesta el teléfono, sin embargo, para cuando su hija llegó a la casa ella se encontraba fuera y no sabe que Teresa está en su cuarto dormida. No mijo, pos nostá, ¿que no ibas a pasar por ella a la oficina? ¿Y nostay? No pos sabe, en cuanto llegue le digo que te llame, a lo mejor fueron a palacio de gobierno o viene en camino… ey, yo le digo mijo. Miguel tiene un ramo de rosas en el auto y el anillo en una cajita en el bolsillo de su camisa pero ante un plan fallido no tiene idea de qué hacer. A las tres y media llama nuevamente pero doña Tere le responde lo mismo. Miguel está histérico, por lo menos me hubiera llamado, piensa. Pasadas las cuatro Miguel recibe la llamada de Teresa y ella no ha terminado de saludarlo cuando él le reprocha, ¿pos se puede saber dónde andas? En la casa Miguel es que… No me mientas mi vida, tu mamá me dijo que no estabas o ¿tu mamá dice mentiras? Teresa le cuelga, no está para regaños, ella solo quiere ver a Miguel, abrazarlo y que él le haga el amor, sentirse protegida. Veinte minutos más tarde Miguel está en casa de Teresa y ella se abstuvo de acurrucarse en sus brazos y decirle vamos a donde me puedas hacer el amor, cuando Miguel continuó con su reproche, yo buscándote y nadie sin saber nada de ti, no fui a desayunar con mis amigos ni al vapor y ¿tú no eres ni capaz de llamar para saber dónde estás?, ¿por qué eres tan egoísta? Teresa estaba frente al amor de su vida, descubriendo que el ingeniero no estaba tan equivocado después de todo, llegando a la conclusión de que unos tacos y un baño de vapor eran hasta ese momento el sacrificio más grande que Miguel ha hecho por ella. ¿Y sabes tú lo que hice yo por ti hoy en la mañana?, ¿lo sabes Miguel?, pero a Miguel jamás se le habría ocurrido que el trabajo de su novia está en riesgo, imagina a la Teresita de todos los días en el escritorio de la oficina. ¿Sabes lo que significas para mí y hasta qué grado he sostenido mi dignidad como mujer? ¿Tienes idea del esfuerzo que hago en mi trabajo? ¿Haz valorado lo que hago por ti alguna vez?, tan sencillo como esto, ¿sabes qué es lo que necesito y lo que quiero?, ¿realmente me conoces?, ¿realmente me amas como para sacrificar tu fútbol y a tu mamá?, ¿qué significo realmente para ti, eh?, dime, dime Miguel. El tono de Teresa había subido hasta los gritos, ¿dime Miguel, realmente me conoces o crees conocerme lo suficiente?, ¿sabes hasta dónde llega mi amor por ti?, y ¿tú estás dispuesto a hacer lo mismo por mí?, ¿por mí?, lo grita enfatizando el al mismo tiempo que con su dedo índice se toca intermitente y fuertemente a la altura del esternón. A pesar de su arranque de ira, ella habría dejado todo en el olvido, calmarse y decirle a Miguel perdona, tuve un mal día y explicarle todo lo sucedido, salir a dónde él quisiera y hacer lo que él quisiera, hasta ver un partido de fútbol, si no fuera porque la respuesta de Miguel hizo resonar las palabras del ingeniero Velasques como un eco en la mente de Teresa,pobre pendejo, pues fue para ella como si el babosito de su novio sobre el gran pastel de la estupidez pusiera la cereza que lo confirma como un verdadero estúpido. Expectativo, suavemente Miguel le pregunta, mi amor… ¿acaso te está bajando?

 

Raúl llega a las nueve de la mañana a la casa de gobierno. El gobernador desciende por las escaleras y se encuentran en la recepción. Después del saludo rutinario Raúl se dirige hacia el estudio pero es interrumpido por el licenciado Reyna. ¿Raúl, ya desayunaste? Sí señor, Clarita me mata si rehúso lo que ella me prepara. Ríen de manera fingida, sugiriendo que la felicidad del matrimonio a veces tiene sus inconvenientes. Acompáñame con un café por favor. El comedor es una gran mesa rectangular, al otro extremo hay una chimenea de mármol y arriba de la misma, sobre el muro, un espejo enorme. Elena, la primera dama, se encuentra desayunando y cuya presencia no era esperada por el jefe de Raúl. Elena es una mujer atractiva, de cuarenta y tres años y diversas cirugías plásticas mantienen su cuerpo incluso en mejor figura que cuando era más joven. El gobernador al estar bebiendo jugo de naranja se percata que sobre la chimenea hay un reloj que es una réplica del Big Ben. Ese reloj nunca fue del gusto del gobernador y su esposa lo adquirió, mientras esperaban abordar el avión, en una tienda duty free en el aeropuerto de Londres. Ya deja de comprar tanta porquería le había dicho el licenciado Reyna. El reloj era chino y Elena se enamoró de él. Lo presume como si fuera una joya de la corona inglesa, recuerdo de su viaje oficial al Reino Unido. Si bien el viaje fue oficial, se limitó a dos entrevistas entre el gobernador y su gabinete con un grupo de empresarios escoceses a los que se les expuso un programa de inversión en el Estado de donde provenían los visitantes. El resto de la semana en Londres fue de compras para ella y las esposas de los funcionarios y para ellos de vacaciones. ¿Y ese reloj?Pregunta él seriamente.Elena mira a su marido sin poder ocultar su emoción. Pues resulta que Julio pudo recuperarlo, ella le contesta. Julio Julián es el guardaespaldas personal de Elena. El licenciado Reyna se refería a él bromeando de dos formas, una como Julián Julián Julián o imitando el sonido del eco, Julio, Julio, Julio. El reloj había sido robado, es la versión que se le dio a Elena, no obstante, sucedió que el sábado pasado por la madrugada el señor gobernador llegaba de uno de sus eventos particulares, acompañado por Raúl, su escolta personal y un barman. El licenciado Reyna estaba ebrio y antes de ser llevado a la mansión oficial insistió en que el barman fuera con él para que en el camino le preparara la última.Una vez que llegaron a la casa de gobierno y de dar una propina bastante generosa al cantinero, el gobernador le pidió que se llevara el reloj, es muy fino, de Inglaterra.El hombre se lo llevó muy agradecido y fuera de sí ya que el reloj parecía de oro puro. Hasta que me deshice de esa chingadera, le dijo el licenciado Reyna a Raúl mientras lo acostaban en una recámara especialmente preparada para las ocasiones en que el mandatario llega tarde a casa. Así que Julián Julián Julián pudo recuperarlo, mira, mira, mira… que bueno salió el Julián al cubo. Sí, agrega ella,resulta que el barman que te acompañó este sábado se lo robó, el muy cínico negó todo, que se lo habían regalado, pero Julio le preguntó que ¿cómo iba a ser un regalo si yo, que soy la dueña, nunca se lo regalé?, el licenciado la mira,¿y cómo supo Julio que se lo robó el barman? A veces me extraña que siendo político peques de ingenuo, pues porque ese día, bueno madrugada, dando un tono de reclamo a la palabra madrugada, solo estaban Raúl, don Pepe, Carlos, Israel, Jesús, tú y el barman, y pues ni modo que tu gente se robe el reloj, es obvio. Yo le pedí a Julio que lo recuperara y ya ves, como fue judicial tiene experiencia, un par de preguntas y su investigación fue todo un éxito, ¿no te da gusto que haya recuperado el reloj? No, no le da gusto y aún más, está realmente colérico porque Julio Julián haya recuperado el reloj, no por el reloj, bien pudiera tolerar la presencia de la baratija oriental en su chimenea pero no va a tolerar que Julián al cubo se esté acostando con su esposa, circunstancia de la que ya sospechaba y que ahora confirma con la recuperación del reloj. ¡Ah! ¿Entonces si la primera dama quiere el sol, la luna y las estrellas, Julián Julián Julián se las baja? ¡Arturo por favor! Es la respuesta de Elena, mientras mira a Raúl y a su esposo como solicitando prudencia. ¡Ah! Ya veo… dice dulcemente previo a decir rudamente en voz alta,¡Y seguramente también te baja las pinches pantaletas! ¡Arturo! Grita Elena, dando una palmada fuerte sobre la mesa que hizo sonar la cristalería y la vajilla, instalando un silencio en el comedor y en toda la planta baja de la casa. Disculpa Raúl, con tu permiso… ¿Cómo te atreves Arturo? Le dice antes de pararse para dirigirse a las escaleras. El licenciado Reyna camina de un lado a otro por un extremo de la mesa. Raúl lo mira y guarda silencio hasta que interrumpe los pensamientos del gobernador. Señor, no creo que la primera dama… ¡La puta de mi mujer, querrás decir Raúl! Para empezar creer es un acto de fe y para terminar las mujeres son tan sencillas y claras como el agua. Las mujeres cuando les levantas un falso pelean como gatos boca arriba y no dejan de alegar pero cuando les retacas la verdad en la cara no saben qué hacer y huyen, lo acabas de ver. Si fuera falso que mi mujer no se acuesta con ese hijo de su rechingada madre, no le importaría tu presencia o la del mismo Papa, me alegaría que no es cierto, que por sus hijos, que por su madre, que por nosotros y toda esa pinche letanía de siempre… se acerca a Raúl para decir, eres un hombre casado, no me salgas con que no te la sabes. Continúa su discurso, y me juraría que no es cierto y no lo hizo porque las mujeres no saben jurar en falso… son estúpidas por naturaleza. Raúl escucha y decide dar la razón en todo a su jefazo limitándose a hacer gestos como si estuviera recibiendo de su propio padre consejos sobre la vida. Y te aseguro que en estos instantes lo está llamando pero es tan pendeja la pobre… desde ahorita Raúl, desde ahorita, me oyes, me los vigilas. Raúl nunca había sentido miedo en su vida hasta esa mañana, y ay de ti cabrón si me fallas, le dice el licenciado Reyna severamente apuntándolo con el índice derecho.

El licenciado Reyna no se equivoca, en la recámara principal Elena llama a Julio Julián desde su teléfono celular. Le dice mi marido sospecha. Tal como dijo su esposo, ella no sabe enfrentar la verdad y no puede decirle a Julio que su marido lo sabe todo, como si evitarlo evitara a su vez el problema. Pues tan solo hay que cuidarse,le replica a Elena, para él no es importante ya que es tan solo una sospecha. Si Elena le hubiera dicho que el gobernador lo sabe, Julio habría colgado, hecho maletas y se habría largado al otro lado del mundo. Julio desde un inicio había tenido un plan para cuando llegara la ocasión en que el gober sospechara, hacer correr un chisme de que lo que se dice es a su vez un chisme originado por una secretaria personal que fue despedida por la primera dama por haber robado unas joyas de Elena. Ella ante el abandono de su marido fue quien acosó a Julio, él se negó hasta que ella un día se le echó encima y prácticamente le exigió que le hiciera el amor. Ante el cuerpo escultural de la primera dama el guardaespaldas no pudo negarse. Ella sabía que él, por temor no diría nada a nadie. Mira cosita,le dice Julio Julián a Elena, yo creo que esta semana no sales y así no nos vemos hasta el evento del domingo. Elena acepta la propuesta y se tranquiliza creyendo que todo se solucionará, ella cree que su marido no tiene derecho a reclamarle nada, él se acuesta con cuanta mujer quiere, incluida mi hermana, medita,ay dios mío que se le baje el coraje por favor.

 

Una vez que entre gritos Teresita no bajó de imbécil y corrió de su casa al sorprendido de Miguel, ella se sienta en la sala mirando el teléfono. Conoce el número privado del ingeniero, como parte de su trabajo sabe cómo localizarlo en caso de emergencia. Observa detenidamente los muebles de su casa y una vieja foto de la boda de sus padres. Todos los objetos son añejos, desgastados y pocos, igual que la economía de ella y de sus padres. En ese momento toma conciencia de que casada con Miguel, en lo que se hacen de una casita vivirán en la casa de los padres de Miguel o en la de ella, y que su casita no será distinta a la de los progenitores de la pareja. El ingeniero ve en la pantalla de su teléfono un número que nunca había visto pero intuye que es Teresa. ¿Bueno? Ella por segundos se queda sin voz pero se deja llevar por la naturalidad con la que la abordó el ingeniero por la mañana.Alberto estaba por decir sí Teresa, dime, cuando ella con una voz suave y melodiosa deja escapar un hola, ¿estás enojado conmigo? Él le responde que no, con una voz apacible por la cual Teresa nota que está contento por la llamada. ¿Sigue en pie tu oferta de San Miguel?, pregunta que él contesta,¿Tú qué crees? No puedo dejar de pensar en ti. La forma en la que Alberto le habla hace que Teresa se sienta una mujer madura.¿Vienes por mí? Bueno no a mi casa, agrega ella súbitamente dejando en claro la furtividad de la nueva relación. No te preocupes, ¿cuál es tu dirección? Oquei, en quince o veinte minutos va a pasar un taxi por ti. Oye pero deja que prepare mi maleta, le dice ella y escucha que él ríe,entre menos ropa lleves mejor. Todo ha sido tan fácil que Teresa nota que la vergüenza ha desaparecido y además está excitada, lubricada. Para cuando el taxi la lleva a una calle en el corazón de la ciudad, ya es de noche. La calle guarda un ambiente pintoresco y a pesar de estar bastante iluminada y reflejar que en ella la vida matutina y vespertina de miles de personas tiene lugar, a esa hora está abandonada. Alberto usa esta táctica porque la primera vez que mandó por una joven y que el taxista la llevara a un barrio lejano, oscuro, con casas humildes y deprimentes, descubrió cómo lo que pudo ser una noche de pasión terminó en un ¿acaso crees que soy una puta barata para que me escondas? La primera vez que usó esta calle para sus encuentros fue con Marisela, la autora de las llamadas de con Alberto por favor que atendía Teresa. Marisela es hija de un empresario, hermosa mucho más que Teresa, de un semblante criollo que la hace una mujer tanto vanidosa como altanera, pero que Alberto decidió dejar ante la insaciable exigencia de regalos cada vez más complicados. Él espera a su secretaria en un auto de lujo del cual desciende para recibirla y abrirle la puerta. Teresa está nerviosa, no quiere que alguien los descubra y el sonido de la puerta abierta de Alberto la pone más nerviosa, imagina que esa campanilla va a atraer la atención de todos los vecinos y que al asomarse por las ventanas para ver qué produce ese sonido, verán a la secretaria en el coche de su jefe y días después toda la ciudad hablará de esa secre, pues al final y al cabo, meditaba antes de haberse subido al taxi, ella es la única que puede salir afectada de todo esto y no un hombre que desde la infancia es amigo del señor gobernador. Tras colocar la pequeña mochila de Teresa en la cajuela, Alberto sube al vehículo y observa que Teresa tiene encorvada la cabeza de manera que toda su cabellera le cubre el rostro, que se oculta. No le dice nada, con el dedo índice coloca parte del cabello de Teresa tras su oreja, como si desnudara su perfil femenino. La toma de la barbilla con el mismo dedo y dirige el rostro de Teresa hacia él, la besa por varios minutos. Enciende el vehículo y posteriormente con su brazo izquierdo la abraza y la recarga en su hombro. Emprenden el viaje, todo con un silencio que otorga seguridad a Teresa. Al estar en carretera, ella recargada en Alberto se queda dormida y él procura no despertarla.

Una semana después, lunes por la mañana, la Teresita que con un par de zapatos sale de la oficina del ingeniero Velasques es otra. Alberto la ha enviado a la clínica de belleza a la que acuden tanto las damas distinguidas de la ciudad, como también las amantes de sus distinguidos esposos, ya que es la única de calidad en la pequeña ciudad capital. La diferencia es que las sesiones de las segundas no son por las mañanas, pues el horario distingue perfectamente al gremio al que pertenece quien recibe el tratamiento, sino por las tardes, no solo para que las damas no se inquieten ante la presencia de sus competidoras, sino porque de una manera implícita, en lenguaje femenino, se da a entender que las damas tienen como único trabajo su propia imagen y acuden por la necesidad de conservar su belleza, mientras que las otras tienen trabajos ordinarios y acuden por la necesidad de conservarlos. Quienes acuden por las tardes son de una clase social menos opulenta, lo que se infiere por el hecho de que la mayoría van de un moreno claro hasta un moreno franco que contrasta con el blanco o blanco bronceado de las señoras. Estas como apellido usan el de sus consortes antepuesta la preposición de, o en caso de ser solteras pero futuras esposas, a su vez, a la preposición se antepone el futura señora de. Las amantes usan nombres ordinarios como Lupita, Mario Rosi.Tanto para señoras como para las amigas personales de médicos, arquitectos o abogados, esposos o amantes son los responsables de pagar la cuenta. La gerente de la clínica tiene una bitácora que resguarda como las mismas tablas de Moisés, en la que existen registros como señora de López y López Topete, Carmen, Carmelita yAngelita, entre paréntesis doctor López y López Topete.La gerente es apreciada por sus clientes ya que es leal y todo lo que sabe lo conserva como un secreto de confesión.Teresa había sido depilada de pies a cabeza y, salvo por un nuevo y refinado pubis, no queda rastro de su anterior vello, incluido el del área del ano, lo cual además de doloroso realmente atentó contra el nuevo y evolucionado pudor de Teresita. El corte de pelo es moderno, seductor y su ropa más ajustada y corta, al grado de que cualquier varón que vaya al escritorio de Teresa, mientras ella está sentada, puede ver casi la mitad de sus enormes senos asomando por un coqueto escote. Ante la poca experiencia en el uso de su nuevo vestuario, Teresita cuando se agacha por un expediente en el cajón más bajo de los archiveros, por ejemplo, ignora que su falda o pantalón deja ver los colores blanco, negro, rojo, azul, morado, verde, amarillo o naranja de su nueva lencería, que se limita a tangas que visten la cintura con dos delgados elásticos y que, a la mitad de la misma, el pequeño triángulo de seda que los une no alcanza a cubrir la parte inicial de la línea que divide sus glúteos.

Esta nueva Teresa pronto es punto de interés de todos los varones de la SEPSOE, entre ellos el contador Hernández, quien por su edad, veintiocho años, todos llaman por su nombre, Joaquín. Él es el responsable de las finanzas de la dependencia y quien al notar el cambio en la secretaria personal del ingeniero le quedó claro que la relación entre ella y Miguel, el de informática, es historia, que el cambio no abarca solamente el vestuario, sino también la forma de ser de la secre.Esta circunstancia la confirmó el lunes siguiente al viaje del ingeniero y Teresita, cuando al entrar en su oficina sobre su escritorio encontró un oficio del ingeniero Velasques en el que le informa sobre dos pequeñas partidas presupuestales que serán administradas por Teresa. El trabajo del contador era justificar con documentos el ejercicio lícito de estas partidas extraordinarias. El viernes siguiente a la recepción del oficio, el ingeniero sale rumbo a palacio de gobierno. Joaquín marca la extensión de Teresa y le pide que se presente en su oficina. Cuando ella se sienta frente a él, Joaquín le pasa seriamente el documento, ¿qué vamos a hacer con esto? Teresa está nerviosa pero tiene la seguridad que al ser una orden del ingeniero no puede ser contravenida. Ella amablemente le dice, pues eso lo debes saber tú Joaquín, para eso eres el contador ¿no? Él la mira sonriente y le pregunta, ¿hasta qué año estudiaste Teresita? La pregunta la ofende y deja en claro la jerarquía tanto administrativa como cultural del contador, quien contrario al ingeniero, en su trato con el resto del personal siempre es amable y educado, con lo cual pone de manifiesto una diferencia de clases para con sus subordinados. Si lo revisas bien, no tiene ni firma, ni se hizo copia alguna en la cual yo haya firmado de recibido o que deje constancia que es una orden de Beto. ¿Ahora me entiendes? Teresa ni siquiera sabe de qué está hablando Joaquín, quien claramente se percata de ello. Mira, lo que quiero decir es que estoy en una postura muy comprometedora, ¿cómo voy a explicarle al contralor general tu nuevo salario si no ha sido autorizado por el congreso o por lo menos por el gobernador, eh? Teresa se limita a mirarlo, pero pues no es salario, sino dos partidas extraordinarias, según me dijo Alberto. Mira Teresa, responde Joaquín, esa es la forma diplomática en la que Beto me está pidiendo que te suba el sueldo, ¿por qué crees que no está firmado? Estoy entre el dilema de ponerme la soga al cuello por ti o perder mi trabajo, la contraloría general bien puede concluir que las tales partidas fueron iniciativa mía, por otro lado Beto me pondrá de patitas en la calle si no cumplo con lo que me indica, ahora dime, ¿qué vamos a hacer al respecto? Teresa descubre entonces las intenciones de Joaquín y se tranquiliza. Aunque sigue siendo ingenua en muchas cosas, gracias al ingeniero ha aprendido a distinguir el deseo en los hombres y sabe que en el caso de Joaquín no es más que un capricho pasajero. Ella le sonríe e infantilmente le dice, ¿y para eso me hablas tan seriamente y le das tantas vueltas al asunto tontito?Teresa se levanta y se dirige a la puerta y antes de salir, con su índice derecho hace el gesto de enviarle un beso a Joaquín. Cuando cierra la puerta se dice entre dientes, pendejo. Una vez en su escritorio envía al contador un correo electrónico con su número de teléfono celular seguido de la palabratontito. Una hora más tarde el ingeniero regresa de palacio de gobierno y al entrar con un gesto le pide a Teresa que se dirija a su oficina. Él está tras la puerta y en cuanto ella la cierra siente cómo Alberto la abraza por la espalda y comienza a manosearla. Espérate,le dice conteniendo la risa, alguien puede entrar. Se besan sobre un diván que hay en la oficina y que con varios muebles del mismo juego forman una pequeña sala que se usa para juntas que no ameritan el uso del salón de conferencias. Te voy a extrañar, le dice él al oído,¿Te vas a portal mal?, ella pregunta y Alberto le contesta, ¿qué comes que adivinas?, pero mañana por la tarde estoy de nuevo aquí y nos vamos por ahí.Ella sabe del viaje, había recibido hace dos días el documento con la orden del Secretario de Administración para todos los titulares de las dependencias de gobierno estatal, de ir a la ciudad de México con motivo de la solicitud de recursos federales extraordinarios y sabe también de su regreso al día siguiente por la tarde, ya que ella misma hizo la compra del boleto de avión. En esa semana, también, Teresa descubrió que es una mujer celosa y el mismo día en que recibió el oficio del viaje, exigió a Alberto que regresara lo antes posible, con el pretexto de que lo extrañaría pero su exigencia se basa en la tendencia de Alberto por las mujeres. Alberto está emocionado con la relación por la novedad de la misma y cree que lo mismo sucede con su secretaria, sin embargo, ella está enamorándose realmente. Teresa se arregla el peinado, la falda y la blusa antes de salir de la oficina, sin embargo, las arrugas en la ropa son prueba irrefutable de su manoseo con el ingeniero. Nuevamente en su escritorio, dos jóvenes la miran y ríen burlescamente. Miguel comparte la oficina con ellos y los mira enfadado. Uno de ellos se coloca detrás del monitor de su computadora para que Teresa no pueda verlo, aunque Miguel sí, y le hace un gesto al otro como si estuviera haciendo una felación, con lo que ambos explotan en carcajadas que llaman la atención de todo el personal alrededor. Teresa no se interesa en lo que pasa, aunque es consciente que ella es la causa del alboroto. Miguel se dirige al autor de la gracia, ¡no seas vulgar!, lo cual produce que las risotadas lleguen a una verdadera exageración que ponen a Miguel al borde la histeria. Los jóvenes controlan su euforia cuando la jefa de préstamos se presenta a la entrada de la oficina y los mira por arriba de sus lentes, es una mujer de cincuenta años con un gesto conservador. Cuando ella se retira siguen riendo pero controlándose, aunque nuevamente pierden el control cuando el que hubo hecho el gesto sexual le dice al otro, ¡no seas prosaico!, imitando la voz y el gesto de Miguel.El joven que únicamente se había dedicado a festejar las gracias de su compañero se levanta y sale de su oficina rumbo a un pequeño patio interior que utilizan los fumadores y tras él, el joven bromista. Una vez ambos en el patio siguieron con sus risotadas mientras el joven continuaba, ¡no seas procaz!, ¡patán!, ¡zafio!, alargando la a de zafio. La risa abierta de los jóvenes encolerizó aún más a Miguel, quien se dirige al escritorio de Teresa. ¡Mírate no más!, le dice con un tono de reclamo y de acusación, como si la nueva vestimenta de ella fuera reprobable. Ella dirige su mirada a Miguel y levanta las cejas para dar a entender su sorpresa ante la reacción de su exnovio. Miguel, que es blanco y de ojos verdes, tiene en su rostro un color rojo que por un instante atemoriza a Teresa. Miguel acerca su rostro al de ella, eres una puta, le dice en voz baja y clara y se retira a su oficina pero antes de llegar se vuelve cuando escucha que Teresa le reclama, ¡óyeme no!, ¿cómo te atreves?Miguel, que pese a ver sido corrido a gritos de la casa de Teresita, no se había dado cuenta que ella cuando está irritada puede ser realmente violenta y estaba a punto de decirle, como escuchaste, eres una puta, cuando de una bofetada Teresita lo manda al suelo en una espectacular caída de boxeo profesional. Miguel, ahora con un rostro de niño al que un compañero de más edad le ha quitado la comida del descanso, tocándose la mejilla que recibió el golpe, desde el suelo mira a Teresa que tiene ambas manos apoyadas en la cintura y con los ojos a punto de salirse de sus órbitas y desbordantes de un odio que quema a Miguel. Desde el patio se escucha un ¡tómala pescao!, seguido de las carcajadas de los jóvenes quienes instintivamente dejaron de reír no por respeto a Miguel, sino por temor a Teresa cuando ella se volvió a ellos. Miguel al levantarse le dice con voz serena pero que pudo escucharse por todos, eres una vulgar verdulera, una vil puta. Miguel se dirige a su oficina para tomar las llaves de su auto y sale del edificio. Teresa regresa a su escritorio debido a que el teléfono comienza a sonar. Teresa sabe que las miradas de todos están sobre ella, por lo que como si nada hubiera pasado, levanta la bocina, secretaría de prestaciones sociales del estado buenos días, sin embargo, la actuación de Teresa que pudo haber convencido a cualquiera de que el suceso fue algo sin importancia, se vino abajo cuando ella escucha con Alberto por favor. Teresa atrae por segunda ocasión las miradas de todos cuando le grita al teléfono, ¡mira pendeja Alberto no está para ti!, ¿entiendes? Cuelga agresivamente el teléfono y se dirige a la oficina del ingeniero, azotando la puerta una vez que estuvo adentro, y escucha a Alberto hablando por su celular, mira Marcela, no me llames, ya te dije que, pero no terminó él la llamada en virtud de que Teresa le arrebata el teléfono, ¡mira hija de tu pinche madre, ya te dije que Alberto no está para ti!, ¡déjalo en paz! Dobló el celular y se lo aventó a Alberto, ¡mira cabrón!, nada más con que me salgas con que en México vas a ver a esta hija de la chingada y te hago un pinche escándalo, voy con el chisme con tu mujer y, continúa mientras con ambas manos levemente impulsa sus senos hacia arriba, con estas hago que el gobernador te corra, aunque me tenga que arrastrar. Alberto tiene una sonrisa como la de un padre que observa a su niña hacer un berrinche. Uyuyuy, la toma y la sienta en sus piernas, ¿y qué más me vas a hacer? Es en serio Alberto, insiste Teresa todavía molesta, por eso, ¿qué más me vas a hacer?, ¿me vas a hacer cositas sucias? Comienza a acariciarla y la besa. Después de un largo beso que tranquilizó a Teresa, ambos quedan unos minutos mirándose a los ojos en silencio hasta que ella se recarga en los hombros de Alberto, abrazándolo. Él sabe que Teresa es voluble pero que basta un poco de ternura para tranquilizarla. Por favor, no me vayas a lastimar, le dice ella.

 

Ese viernes Raúl está con Carlos, Israel, Jesús y José, a quien llaman don Pepe por ser mayor que el resto, y quienes conforman la escolta personal del licenciado Reyna. Fueron agentes de la policía ministerial, don Pepe, Carlos y Jesús de la policía ministerial local, mientras que Israel de la policía ministerial de otro estado. Israel tiene un pasado oscuro de ejecuciones y órdenes de aprehensión que, fuera de Raúl, el gobernador, el comandante Flores y algunos funcionarios más de alto rango nadie conoce, sin embargo, era el adecuado para dirigir la escolta personal del gobernador, no solo por su experiencia, sino por su sangre fría, a la hora de los chingadazos señor, muchos se apendejan, él es de los que pase lo que pase, si usté está en peligro, lo va a tirar al suelo y lo va a cubrir con su propio cuerpo, para eso se necesitan muchos huevos señor, por eso quiero que lo ponga a él en su escolta, si no lo pone, pos no me haga el favor de nombrarme su secretario, porque antes de cuidar a los demás lo tengo que cuidar a usté, había dicho el comandante Flores al licenciado Reyna, cuando al momento del nombramiento del comandante como secretario de seguridad pública se estaba integrando el cuerpo de seguridad del gobernador. De hecho, el gobernador trató de negociar con un homónimo estatal una orden de aprehensión contra su jefe de seguridad, ordenada por un juez penal del estado del que era originario Israel. Pero ¿por qué no ponemos a otro y ya? Le preguntaba el licenciado Reyna al comandante Flores previamente a la negociación, como usté quiera señor pero yo sólo confío en él, si algo le pasa a usté que quede bien claro que es porque usté así lo quiere, si usté sabe más de mi trabajo, no me pregunte, hágalo, si no sabe, entonces haga lo que yo le digo, no se complique, pero si se va él, me voy yo, no confío en la gente de usté, con todo respeto.En realidad, Israel también cuida las espaldas del comandante, no físicamente ya que ello el comandante puede hacerlo personalmente, sino manteniéndolo informado de todo aquello que pueda poner en riesgo la seguridad del comandante y su familia.Israel había participado en el secuestro y homicidio de un hijo de un empresario, por lo que fue cuando el ahora jefe de la escolta del gobernador dejó de ser Reynaldo Jiménez Pérez, para ser Israel Domínguez Sánchez. ¿Pero cómo voy a tener yo a un asesino cuidándome las espaldas? Él hacía su trabajo, le explicaba el comandante Flores,lo que pasa es que este nuevo gobernador está molesto con el anterior pero pos no se puede desquitar con los peces grandes, tons quiere a los chicos. Reynaldo no hace las cosas por iniciativa propia, hace lo que le mandan, por eso confío en él, el problema fue cuando el otro gober empezó a hacer negocios con sus propios allegados. El licenciado Reyna gobernaba un estado tranquilo pero en vistas del crecimiento de la violencia, tanto sus amigos del partido y futuros miembros de gabinete, incluso funcionarios federales y otros gobernadores le recomendaron el uso de profesionales en seguridad y no a los oficiales egresados de la academia local, con poca experiencia en asuntos delicados. No obstante, lo que motivó personalmente al gobernador a contratar profesionalesfue un correo electrónico que recibió en su cuenta oficial de campaña porunfuturomejorarturo@…, que consistía en un video con dos encapuchados quienes desde una mesa, en la cual había dos armas de alto poder, una bandera del país y un estandarte con el escudo del estado y sobre ellos una foto de Zapata y otra de Villa, le decían, aquí estamos para defender los intereses del pueblo de ustedes vende patrias, fascistas, explotadores del pueblo. El licenciado Reyna estaba convencido que era una broma, como muchas que fueron recibidas en la cuenta, sin embargo, el capitán Corrales, entonces jefe de la policía ministerial del estado de la anterior administración, ante el gobernador electo, sacó su arma, cortó cartucho, la amartilló y la puso sobre la mesa frente al licenciado Reyna, ¿Arturito, usté cree que esto es un juguete pa bromear? Las palabras del licenciado Reyna fueron, oquei traigan al Reynaldo ese.

 

 

 

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Jorge Antonio Villalobos (México , D. F., 1972). Abogado y escritor. Ha obtenido las siguientes becas: la Salvador Novo del Centro Mexicano de Escritores (1991-1992)]; la del INBA y el Colegio de México (1994-1995); y la de Jóvenes Creadores en poesía del FONCA de Aguascalientes (2000-2001). Ha publicado en revistas como TROPO a la uña.

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