Entrevista

Entrevista | “Menos armas y más cultura, menos pacotilla y más atención a las necesidades fundamentales de la gente”: Ares

Ilustrador y monero cubano, Arístides Esteban Hernández (ARES), ha ganado más de sesenta premios internacionales, como el Grand Prix del World Press Cartoon en Portugal y el Ranan Lurie de la Naciones Unidas en Estados Unidos 2015 y ha dado vuelo artístico a más de cien libros.

En entrevista con Vértice habló de la pandemia, sus técnicas y sus reflexiones sobre la creación.

 

Por Agustín Labrada

Aunque estudió Medicina y se especializó en psiquiatría, Arístides Esteban Hernández Guerrero (ARES), nacido en La Habana el dos de septiembre de1963, es un creador de formación autodidacta, quien desde el año de 1984 publica en la prensa cubana e internacional realizando humor gráfico, ilustraciones, carteles y pintura.

Es autor de una veintena de libros publicados en Cuba, Guatemala, Brasil, Irán, Italia, España, Grecia y Venezuela, como, entre otros: “Mi psicólogo soy yo”, “Ojos de Sur”, “Homo Sapiens”, “Historia del humor gráfico en Cuba” … Ha ilustrado otro centenar y obtenido cerca de ciento sesenta premios en eventos de carácter internacional.

Ares es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ostenta la Distinción por la Cultura Nacional, el Premio Nacional de Humor y otros reconocimientos de renombre. Obras escogidas suyas forman parte de colecciones (privadas e institucionales) en los cinco continentes.

“No vivimos en cotos ”

 

—Tras la publicación de tu libro “El mundo después del coronavirus”, ¿tu visión se vuelve profética y entras en el debate mundial?

—¿Profética? No, no creo en profecías, creo en el conocimiento y creo en el pensamiento analítico. En el debate mundial, he estado siempre desde mi posición como individuo y todo parece indicar que ahí seguiré. Para imaginar el futuro solo se necesita ver el presente que tenemos y el pasado que tuvimos.

Y hablando de la pandemia, la covid-19 nos ha demostrado muchas cosas, una de ellas es que no vivimos en cotos. Los grandes problemas, los que creamos nosotros o los que crearon otros nos afectan a todos por igual. Todos hemos quedado expuestos de algún terrible modo al mismo peligro y también se han desmoronado muchos mitos.

Yo pienso que es importante tener presente esas cosas, estas vivencias que hemos atravesado, deberíamos pensar más como una colectividad que necesita y puede generar actitudes más solidarias. Menos armas y más cultura, menos pacotilla y más atención a las necesidades fundamentales de la gente.

Las situaciones que cambian la vida de las personas de manera brusca, como el caso que nos atañe, hacen brotar de los seres humanos lo peor, y hemos sido testigos de eso en lo social, en lo político…, pero inevitablemente tambien hacen brotar lo mejor de los seres humanos en lo social, en lo político, en lo personal. Ojalá que esta arista esperanzadora sea la que conduzca nuestro futuro.

 

—¿Cómo se da tu proceso creativo cuando incursionas como ilustrador de libros de escritores, quienes no siempre conciben sus obras con una perspectiva visual?

—Cuando voy a ilustrar un libro, lo primero que hago es leerlo de punta a cabo, aunque sea un libro conocido por mí con anterioridad. Leo y voy haciendo anotaciones y, aunque es cierto que los escritores pueden no estar pensando en el aspecto visual, te van ubicando en las cosas a partir de las descripciones que se hacen con el lenguaje y, en ese proceso, voy descubriendo los rasgos de los personajes, sus actitudes, en qué época o circunstancias están ubicados… Descubro así muchos detalles que lógicamente estarán marcados por mi perspectiva y leo y me releo el libro antes de comenzar a ilustrarlo.

En el caso particular de la poesía, me engancho más con las imágenes, a veces esas imágenes poéticas enseguida me sugieren una imagen visual, que tal vez pudiera ser no fundamental para el escritor, pero a mí me resulta excelente para trasmitir lo que se está diciendo.

Lo más difícil cuando ilustro un libro es decidir cómo van a ser las ilustraciones para este, porque cada texto me sugiere cosas diferentes, imágenes diferentes y maneras distintas de llevarlo al lenguaje plástico. No es lo mismo un libro para niños que un libro para un lector adulto y no es igual un ensayo que una novela. En general, intento hacer las ilustraciones de modo que no sean una reiteración de lo que ya está dicho, sino que se conviertan en un complemento o un discurso paralelo a esa literatura y en ocasiones se convierten en imágenes que tienen una vida propia, incluso separadas del libro que han ilustrado.

“Me aburro haciendo siempre la misma cosa”

—¿Trabajas con otras alternativas de las artes visuales (serigrafía, pintura, técnicas mixtas…) solo para experimentar o porque los asuntos abordados piden nuevas maneras de expresión?

—Respecto a las técnicas que utilizo, yo creo que lo esencial que sucede en mi caso es que me aburro haciendo siempre la misma cosa. Puedo estar meses creando solo caricaturas, pero llega un momento en que siento la necesidad de hacer algo diferente y otras veces eso sucede por el hecho de que me llegan encomiendas de trabajo nuevas y las asumo con muchísimo placer. Hay ideas que me funcionan muy bien como humor gráfico y hay otras que me funcionan mejor para un cartel o para llevarlas al lienzo. Sucede también otra cosa interesante: hay obras que concibo primero como caricaturas y después siento la voluntad de realizarla en otro formato y en otra técnica, como el cartel o la pintura. Siento que estas búsquedas me permiten sentirme vivo, porque siempre tengo voluntad de experimentar.

—El diálogo de tus obras con el público de otros países, algunos culturalmente muy distantes de Cuba, ¿de qué modo se manifiesta?

—Desde que comencé a hacer caricaturas me fascinó la opción de decirlo todo solo con la imagen. Eso no quita el hecho de que en ocasiones utilice el texto como una herramienta más dentro de mis trabajos, pero la tendencia general o habitual de lo que hago es la predominancia de la imagen, ese intentar y proponerme decirlo todo solo con imágenes, lo cual contribuye a que mis trabajos no tengan la barrera que impone el lenguaje hablado o escrito y que puedan ser entendidas por cualquier persona. Eso, evidentemente, ha facilitado el hecho de que pueda comunicarme con muchísimos públicos de diferentes culturas y que encuentre espacio para mis trabajos en publicaciones muy disímiles y de regiones muy diferentes. Tampoco me interesa hacer obras excesivamente localistas. Mis preocupaciones personales son a la vez preocupaciones universales.

—Hay un Ares preocupado por los problemas globales de la humanidad y otro Ares más intimista, ¿eso genera una ruptura?

—No, no hay ninguna ruptura en ello. Tengo preocupaciones que tienen que ver con lo personal con el ser humano “hacia adentro”, digámoslo así, y tengo preocupaciones que tienen que ver con el mundo que rodea a ese ser humano. Por lo tanto, estas preocupaciones, en última instancia, tienen al ser humano como su centro. A veces, mis ideas o mis preocupaciones se mueven hacia adentro de ese ser humano y en otro momento se mueven más hacia fuera de ese ser humano. En definitiva, es lo mismo. Somos no solo seres individuales, existimos en el contacto con los otros y con todas las cosas buenas y malas que están alrededor de nosotros. No hay ruptura.

—De los muchos premios ganados por ti, ¿Cuál te conmovió más hondo?

—Todos los premios tienen algún valor diferente para mí, pues constituyen una valoración positiva de algo que he creado. Reconozco que aprecio mucho los que obtengo en mi país, porque es agradable sentir el reconocimiento de los tuyos y entre esos me han causado gran alegría el haber recibido la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio Nacional de Humor en Cuba. De los ganados en concurso internacionales de humor gráfico pudiera mencionarte como relevantes para mí el Grand Prix del World Press Cartoon en Portugal 2012 y el Premio Ranan Lurie de la Naciones Unidas en Estados Unidos 2015. Ambos premian a la mejor caricatura publicada en el mundo cada año.

—¿Puedes resumir cómo has logrado ese gran perfeccionamiento de estilo en la caricatura?

—Creo que la fórmula ha sido y es el trabajo. He trabajado y trabajo mucho todos los días y eso va dejando huellas y resultados en las cosas que haces. También la curiosidad y el afán de saber más contribuyen mucho a ir concretando ese camino, ver lo que están haciendo los demás. Sentir la presión de esa gente que lo está haciendo bien y proponerte nuevas metas o nuevos caminos ha sido la fórmula que me ha llevado a lograr en mi trabajo lo que he conseguido.

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Agustín Labrada es poeta y escritor mexicano de origen cubano radicado en Quintana Roo desde hace más de dos décadas. Escribió La Soledad se hizo relámpago, poemario que obtuvo varios premios internacionales y Una vasta lejanía, entre más de diez libros del género. Su última producción es Padura y el periodismo, sobre el novelista cubano.  

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