Por David Anuar

 

 

Hay dos ciudades en un mismo suelo; fluyen y se tocan,

el colapso y la serenidad se mezclan en la bocacalle.

Oscar Reyes Hernández

 

 

Jueves. Viernes. Sábado. Domingo. Caminar por el centro de Cancún, discurrir con pereza por las calles oblicuas, por los recovecos cubiertos de buganvilias o árboles ficus; deambular por el pavimento que de vez en vez muestra su oceánico rostro, la memoria endurecida de otro tiempo, caracolas y arrecifes petrificados; contemplar los camellones rebosantes de plañideros zanates y nidos de hormigas. Las calles pavimentadas y la luz amable, diáfana. Andar, pues, entre las manzanas, a paso lento, dejando que el sol y la solombra jugueteen en la piel, o que las tolocs se deslicen como estatuas vivas entre los dedos. Pisar la eterna hojarasca de la ciudad, los días de solares o de lluvia generosa, la melodía de la brisa que la llena de rumores verdes y almendros…

Domingo. Lunes. Martes. Miércoles. Abrir el candado, el portón, la reja. Cerrar. Esquivar las aceras desgajadas. La calle de polvareda blanca, un sascab moderno. Los postes de madera podrida, la luz opaca, velas titilantes, grillos que enmudecen. Y seguir adelante, con los pasos apretados por la angustia, voltear siempre atrás, atrás donde pueden haber pasos, donde puede haber… una amenaza imaginaria o real… Y seguir adelante, por el camino de terracería, cruzar el campo llanero, sembrado de piedras; cruzar entre dos terrenos baldíos, donde el monte se desborda y en cuya entraña se levanta como una mano agonizante los vestigios de una construcción a medio hacer; atravesar esta regióndonde una lechuza te saluda al romper el día y las enredaderas sufren convulsiones violetas y, detrás de ellas, casas de cartón, con antenas dobladas en los techo y perros que ladran. Seguir adelante, un parque sin árboles donde los grafitis ofician en las paredes la historia de una ciudad sumergida

Cursé toda mi educación elemental media y media superior en Cancún. Vivía media semana con mi madre, en un departamento en la Supermanzana 32, y la otra mitad, en la casa de mi padre, en la región 93. Cada semana transitaba de un mundo a otro que se tocaban oblicuamente dentro de la misma ciudad. Mi cotidianidad se desenvolvía en espacios disímiles. Desde aquel entonces ya forjaba ideas sobre el porqué percibía unos cambios tan bruscos en el paisaje urbano, e incluso detectaba zonas de transición, como la franja habitacional que se ubicaba entre la avenida Chichén Itzá y la López Portillo.

En mis recuerdos narrados se asoman dos espacios diferenciados de Cancún: por un lado, lo que llamo ciudad de apoyo, oficial y planificada; por el otro, la ciudad sumergida, periférica y no oficial. Estas dos ciudades en un mismo suelo que, como escribe Oscar Reyes, fluyen y se tocan. Así, la idea escritural de este ensayo nació al examinar un mapa de la década de 1990 del trazado urbano de Cancún.

Ángel Rama asevera en su libro La ciudad letrada (2009), que desde tiempos coloniales “la ciudad latinoamericana ha venido siendo básicamente un parto de la inteligencia” y un sueño de encarnar el orden. Rama denomina “ciudad letrada” a un grupo social especializado que establece en la urbe un orden de cosas, la administración del poder y la “civilización”. En la historia de Cancún, el rostro de la ciudad letrada es una burocracia conformada por intelectuales del Banco de México y un grupo de profesionistas y trabajadores técnicos –ingenieros, arquitectos y administradores– que traspusieron a Cancún de los restiradores y los planos a las dunas de la arena hotelera a inicios de 1970.

La ciudad letrada dejó sus marcas en el trazado urbano, haciendo posible identificar cuatro ciudades diferentes, en contacto e interrelación, y a la vez una misma: la ciudad paraíso, la de apoyo, la alternativay la sumergida. De éstas, las tres primeras son expresión de la lógica y el orden de la ciudad letrada, mientras que la última es expresión de la ciudad real, entendida ésta como la apropiación del espacio por los habitantes, y cuya práctica escapa a la lógica impuesta desde el poder regulador.

La ciudad paraíso es la Zona Hotelera, asentada en la parte insular de Cancún, donde se ha creado una “ciudad ideal”, sin conflictos, con un diseño estético y exótico, en donde se combina una ciudad moderna de hoteles equipados con toda clase de comodidades, plazas comerciales y centros de entretenimiento como discotecas, bares, restaurantes y parques acuáticos, que se combinan con un entorno tropical escenificado por la playa, el mar, los pelicanos, las gaviotas, las palmeras del camellón, el mangle, la laguna… Es decir, se construye un espacio idealizado donde el objetivo es crear una experiencia hedónica para el turista, pequeño rey para quien se ha levantado el tinglado de las maravillas.

La ciudad de apoyo también es fruto de la ciudad letrada y responde al proyecto de desarrollo integral elaborado por el Banco de México. Esta área fue la parte prevista para funcionar como casa-habitación para una cantidad moderada de recurso humano, migrantes, que contribuiría en la construcción de hoteles, así como en la prestación de servicios enfocados eminentemente en el turismo. Las áreas que corresponden a esta ciudad son dos sectores del mapa, la denominada “zona centro”, una especie de triángulo deformado, y la “zona residencial”, con una forma geométrica triangular con dos puntas chatas. Estas dos grandes zonas contienen en su interior bloques más pequeños de organizaciones urbanísticas que se han denominada supermanzanas y manzanas, un equivalente al uso lingüístico de coloniaen otras ciudades. Esta categoría lingüística de manzanasólo se utiliza en las zonas que forman parte del plan original de Cancún, y donde se dio alberge a la migración “oficial”. Características importantes de estas dos áreas son que responden a un trazo urbanístico conocido como “plato roto”, de ahí las formas curvas y oblongas que predominan en ella. Además de esto, suelen haber camellones kilométricos, al igual que áreas verdes recreativas y de reserva (los llamados pulmones como el Ombligo Verde a un costado de la Sm. 32; El Parque Kabah, frente a la Sm. 15 y 16; o el Parque Gaia en la Sm. 15). Visualmente, el trazado urbano y la arquitectura suelen ser vistosos e incluso estéticos. Uno de los paradigmas se encuentra en el mercado 28, un espacio circular que dibuja el centro de una flor de cuatro pétalos, que se completa con el trazado de las supermanzanas aledañas, sus pétalos. La ciudad de apoyo es planeación y voluntad estética, decantada en el diseño urbanístico de vanguardia y “plato roto”.

La ciudad alternativa, en palabras del académico peruano Raúl Bueno, es la que “integra en nuevos espacios […] los contingentes de las ciudades migrantes y rechazadas”. Esta ciudad se compone por el ejido de Bonfil y Puerto Juárez, sectores que están alejados del centro de Cancún, que sirvieron históricamente como puntos de desahogo de la presión urbana causada por la inmigración masiva.

Finalmente, al no haber sido asimilada por las estructuras del proyecto original de Cancún, la ciudad sumergida fue creada por el excedente de migración. Esta migración no oficial desbordó los números previstos por el Banco de México y le dio en gran parte ese crecimiento vertiginoso a la urbe. Este crecimiento trajo descontrol y desarrollos irregulares que se asentaron en la Colonia Puerto Juárez, que “se formaba por una zona de monte con pantanos, lodazales, árboles, troncos y sin servicios municipales”, según han consignado las académicas Consepción Escalona Hernández y María del Pilar Jiménez Márquez.

La ciudad sumergida corresponde al área conocida como Colonia Puerto Juárez, que en el mapa es fácilmente identificable por tratarse de un gran y largo rectángulo que comienza después de la Av. López Portillo, hacia el fondo, y que está conformada por las regiones 68 hasta la 102, cuyos bloques rectangulares siguen expandiéndose día a día con asentamientos irregulares. Las subdivisiones al interior de este gran bloque se han denominado regiones, diferenciando así “regiones” de “manzanas”, donde éstas últimas llevan implícitas su rasgo de “oficialidad” en contraposición a las otras que expresan su “irregularidad”. El trazo urbanístico de esta ciudad responde a una lógica de damero o trazado hipodámico, es decir, cuadrangular. Este tipo de trazado suele enfatizar la funcionalidad del diseño en detrimento de cualquier voluntad estética. Entre las características de esta ciudad sumergida podemos enumerar la carencia de servicios básicos, áreas verdes descuidadas, manadas de perros callejeros, zonas insalubres y de alto riesgo como los pantanos y humedales, donde se rumora que aún de tarde en tarde, cuando llueve, salen a pasear a las calles enormes cocodrilos…

El movimiento migratorio y la lógica de la ciudad letrada impactaron en la configuración urbanística de Cancún a tal grado que se distinguen distintos trazos y voluntades que en ciertos puntos de la urbe se tocan y confluyen, pero que en el fondo responden a proyectos y necesidades diferenciados. Una imagen icónica del contacto y la confluencia se halla en los camiones R1 y R2 que diariamente transitan desde la ciudad sumergida, pasando por la ciudad de apoyo, para proyectarse a la ciudad paraíso, hacia donde se desplazan miles de trabajadores día con día para prestar sus servicios en la industria turística. En definitiva, en Cancún se ha desarrollado un racimo de ciudades heterogéneas y múltiples que confluyen una dentro de otra, tocándose, pero sin disolver las invisibles e inextricables fronteras que demarcan su contigüidad y diferencia, el peso preciso de su historia.

 

Bibliografía
Bueno Chávez, Raúl (2011). “Presión urbana, procesos culturales y representación literaria en América Latina. Vigencia continua del pensamiento de Ortiz, Rama y Cornejo Polar”, en Multiculturalismo, transculturación, heterogeneidad, poscolonialismo. Hacia una crítica de la interculturalidad, coordinado por Friedhelm Schmidt-Welle, pp. 89-107, Ciudad deMéxico: Herder.
Rama, Ángel (2009). La ciudad letrada, Madrid: FINEO-UANL.
Escalona Hernández, Consepción y María del Pilar Jiménez Márquez (2010). Cancún: un entramado de voces, cultura, sociedad e historia. Ciudad de México: Editorial Verás – Universidad del Caribe.

 

 

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David Anuar (Cancún, Q. Roo, 1989). Poeta, dramaturgo y traductor. Licenciado en Literatura Latinoamericana (UADY, 2013) y maestro en Historia (CIESAS, 2018). Becario del PECDA (2012, 2015) y de la Fundación para las Letras Mexicanas (2018-2020). Ganador del Concurso de Cuento Corto Juan de la Cabada (2011), del Premio Francisco Javier Clavijero a la mejor tesis de maestría (2019) y del Premio Estatal de Poesía Tiempos de Escritura (2020). Autor de Erogramas (2011, Catarsis Literaria El Drenaje), Cuatro ensayos sobre poesía hispanoamericana (2014, Ayuntamiento de Mérida), Bitácora del tiempo que transcurre (2015, Ayuntamiento de Mérida), Estrellas errantes (2016, UAEM) y Memoria de Gabuch (2020, ICAQROO). Editor de la antología Contramarea. Breve antología de poesía joven de Quintana Roo (2017, Plataforma Colectiva), y de la obra completa de Adriana Cupul Itzá, Y mi cuerpo no ha muerto. Poesía recuperada (1993-2002) (2019, IMCAS). Su obra poética y narrativa ha sido traducida al inglés.

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