Por Lizbeth Peña

 

Decir “mi mioma” es una cacofonía. Por eso diré El mioma. O mi pequeño mioma. Sí. Mi pequeño mioma tiene cinco centímetros. Dijo el doctor que con menos de cinco recomienda tratamiento, que más de eso es directo a cirugía. Me río. Mi mioma está en el filo, en la línea fronteriza. Diciendo que no es de aquí ni de allá y que es ridículo tener normas como esas, basadas en una medida arbitraria.

Mi pequeño mioma sabe cómo comunicarse conmigo. Cuando me olvido de él, sangro. Ahora sangro todos los días. Porque lo olvido siempre.

Mi pequeño mioma me recuerda a mi exnovio. Cuando creía que lo había olvidado, me enviaba un mensaje. O salía una foto de él en las búsquedas en mi ordenador.

Mi pequeño mioma no es tan pequeño. Recorro la casa, revisando con la cinta métrica, atenta a todo lo que se le parezca. Una pelota de golf no alcanza la medida. Junto lo que puedo: una pelota de tenis, una bola de plástico que saqué de una máquina de cinco pesos, un emoji tridimensional, un peluche, un sombrerito, un bote de vaselina.

Tomo cada cosa entre mis manos. Tú eres como mi pequeño mioma, le digo. Aunque a mi pequeño mioma lo imagino suave, no gelatinoso porque no me gustaría tocar una sustancia acuosa, aunque seguro es más parecido a eso, a un plasma, que a una pelota antiestrés.

Dice el doctor que seguramente no he tenido hijos por mi problema. Él no entiende que mi pequeño mioma es mi pequeño bebé. Que lo he cuidado todo este tiempo para que llegue a crecer así de grande. Que no confío en los doctores y por eso solo éramos mi pequeño y yo, sin intervenciones. Yo tenía razón.

El médico dice que si le autorizo, puede quitar todo lo de adentro, no solo al pequeño mioma. Él solo me quiere dejar sin mi bebé. ¿Cómo podría permitírselo? Me receta anticonceptivos hormonales y hierro. Dice que eso no dañará al mioma, ni disminuirá su tamaño, que solo es para que no me afecte que esté ahí.

A mi pequeño mioma no parece gustarle. Cada día sangro y mi panza duele como si él estuviera sufriendo. Quiero pensar que solo está asustado, asustado de que con esas pastillas tal vez tampoco pueda crecer.

Sé que buscaré una segunda opinión, quizá una doctora que me entienda. Tantas dudas me angustian. ¿Sería un aborto o una cesárea? Ni siquiera sé qué pasaría si realmente sacaran al pequeño mioma.

 

 

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Lizbeth Peña (1987). Becaria en el Festival de Literatura Interfaz-ISSSTE (2014) y en el Festival Internacional de Escritores y Literatura en San Miguel de Allende (2019). Graduada de los diplomados: Mediadores de Lectura (UAM-Xochimilco), Enseñanza de Escritura Creativa (Skribalia) y Creación Literaria (INBAL). Ha impartido talleres de escritura en instituciones educativas, desde nivel primaria hasta universidad, y para diversas instituciones como el INBA, la SEDESOL y la Secretaría de Cultura. Trabajó como editora en Tropo a la uña. Desde 2009, dirige Tokonoma: talleres, actividades en torno al arte, La Tlacuila, Brujas Literarias y la revista Nahualli.

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