Cancún, Quintana Roo.-Palabras del director de Grupo Pirámide durante la presentación del dossier homenaje a Carlos Hurtado, en la Biblioteca Nacional de la Crónica, donde estuvo junto a los otros autores de este volumen, lanzado por Vértice, suplemento cultural.

 

 

Charly y el Cancún del Dorado y la soledad

Por Luciano Núñez

 

 

Conocer a Carlos Hurtado ha sido una de las experiencias más asombrosas en Cancún, como cuando descubres Playa Delfines y siempre la encuentras distinta, en su belleza y color.

 

Carlos Hurtado para mí fue intermitente y misterioso, como una procesión y calvario que acabó con su temprana partida, hace poco más de seis años.

Un día te enterabas que era periodista y que había escrito para varios periódicos; que era escritor de novelas, y que además, había fundado la Casa del Escritor; entraba un día a mi oficina como un artesano, con sus bolsas y agendas de piel; o te contaban que criaba pájaros y que tenía una casa en medio de la selva.

Lo vi hacer luminosos discursos para inmerecidos políticos; y no menos extraños eran sus viajes a Cuba, como si fuese un apóstol de la hermandad caribeña.

 

Sus aristas humanas y artísticas eran tantas, pero en el centro estaba Charly, en el corazón de aquel hombre compañero, padre y amigo, que tenía temporadas de cruentos desánimos y pesares de otros tiempos, y también, el ímpetu de armar empresas imposibles que hizo alcanzables, como la novela fundacional de Cancún, que hoy celebramos.

Un hecho simple, que con el tiempo se hizo poderoso, fue el de haberme dedicado algunos segundos de su vida a la dedicatoria que me regaló en el ejemplar de “Cancún, todo incluido”: “Para mi gran cuate, con el cariño y la empatía que nos une; esperando que este trabajito te dé otra opinión sobre el Cancún profundo”, me escribió.

Esa frase ha mantenido vivo en mí el interés por su obra y sus capas humanas. Y aquí estamos los amigos para rescatar su novela del inmerecido olvido al que nos someten los tiempos de la inmediatez y las pantallas.

Como narro en el dossier, después de conocernos en el gobierno de Benito Juárez, mantuve con él una esporádica comunicación en torno a la literatura y los proyectos, unos que hizo y otros que no alcanzó a concluir, como ese libro de las traiciones políticas de las que fue víctima este municipio.

Sin embargo, dejó un camino que otros debemos transitar.

Sobre todo, me heredó el buen Charly, el amor a Cancún, desde que me enseñó a quererlo con una entrega total y apasionada.

“Tengo cierta obsesión con Cancún en todo lo que escribo, porque lo vi crecer, lo vi desde el principio”, me dijo.

Y le pregunté ¿por qué llegaste a Cancún?: “Existía una visión del paraíso éste, como del Dorado: el que venía para acá tenía éxito. Y supongo que con ese pensamiento me enganché”, me confesó.

Siempre amó esa oportunidad que ofrece Cancún de ser pionero, como lo fue con su novela. En ese sentido, quedan muchos “por primera vez”.

Leí su novela y me pareció que, con todas sus herramientas a la mano, hizo un trazo de esta ciudad, el primero y acaso por ello, el más profundo: el Cancún del Dorado, la ambición y la soledad.

 

A 20 años de su cruzada para contar ese Cancún que vio y vivió, este dossier acaso es un llamado a los narradores, a seguir retratando nuestra ciudad, una ciudad que, como Hurtado me dijo en aquella entrevista, “es un privilegio de pocos”.

Nunca nos enteramos de que estabas enfermo, Charly. De todo lo que sabíamos de ti, nunca supimos lo más importante: que te ibas pronto, con tu familia, pero solitario.

Pero todo en esta vida pasa y todo queda, como repite Machado y canta Serrat, y lo de Carlos será quedar.

 

 

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