Con motivo del arranque de un nuevo año, en Vértice, letras de Grupo Pirámide, convocamos a nuestros autores más asiduos, para que comenten sus tres libros favoritos del año pasado.

En esta segunda entrega contamos con la participación del escritor yucateco Daniel Medina, y los cancunenses David Lara Catalán y Miguel Ángel Meza.

Este ejercicio, pues, intenta ser una guía lectora al alcance del público lector cada vez más robusto que tenemos en nuestro estado, aunque también —¿por qué no?— una radiografía de los gustos literarios, las afinidades y vocaciones que acompañan a los escritores que cada domingo nutren este suplemento.

 

 

Daniel Medina:

 

El libro de Tamar, de Tamara Kamenszain (Eterna Cadencia, 2018)

La autora de La novela de la poesía escribe, aquí, un magnífico libro sobre las implicaciones de la separación, la separación de dos escritores: él, que siempre escribía en prosa, y ella, que siempre escribía en verso. Una notita, repentinamente, se desliza bajo la puerta. Resulta ser un casi-haikú cubierto de lo que parecen pistas de algo. Es entonces que la narradora de este libro decide reaccionar, digamos, contra la notita en verso de su exmarido (que por un momento se volvió poeta) en prosa.

Kamenszain dijo alguna vez: la poesía narra, pero siempre suspende. El libro de Tamar es una tensión de esa frase, una donde la autora ejerce un extraordinario análisis de la intimidad a través de otro tipo de análisis, el de la literatura, o dicho mejor: el de los “bolsones semánticos”.

 

Dragón Dorado, de Bruce Lee (Abducción editorial: 2018 / Traducción de Maximiliano Andrade)

Tomados de la magnífica biografía Artist of Life, estos poemas construyen otro de los tantos y grandes vectores que sostienen la leyenda de Bruce Lee. Apegados, como es lógico, a la vocación del cuerpo y la mente, los textos proponen viñetas que van desde el paisaje entregado en bruto, digamos “descrito al óleo”, hasta añadiduras al confucionismo y la más amplia filosofía china.

Una de las grandes aportaciones de este libro es permitir al lector visualizar a Lee desde otra experiencia estética, la de la escritura, dándole un espacio propio a los poemas. Un libro, pues, que se suma a otros escritos como El vacío y la forma para recordarnos que el cine no lo es todo. Be water, my friend.

 

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Țîbuleac (Impedimenta: 2016 / Traducción de Marian Ochoa de Eribe)

Con una prosa punzante y taladradora, llena de momentos que engrandecen los 77 fragmentos de este libro, la autora moldava presenta una primera novela cuyo mejor adjetivo es lapidaria. La historia de Aleksy es la de un recuerdo expansivo, torrencial, a partir de la figura de su madre: el odio hacia su madre. Țîbuleac aborda no la figura emotiva sino la destructiva, y lo hace con el tacto de una seta: desde lo amargo y poroso.

Se habla, y mucho, de una especie de “factor poético” en este libro. Quizá se justifica esta postura, un tanto reduccionista, gracias a la formidable decisión de intercalar bloques textuales con líneas suspendidas que reescriben la máxima “los ojos de mi madre eran…”. Más allá de lo poético, que es un valor difuso, este libro puede interesar a lectores de la reciente novela de Ocean Vuong, o de la propia Canción de tumba de Herbert.

 

 

 

David Lara Catalán:

 

 

Leer es una de mis actividades favoritas. Me gusta acompañar mi lectura con un poco de vino y también con música. Al leer ficción imagino mundos posibles, diferentes al mío, así he llegado a la conclusión de que se pueden vivir tantos mundos posibles como amplia sea la imaginación del ser humano. Al leer algo de filosofía y cuestiones académicas, entonces pregunto. Busco construir dentro de mis posibilidades intelectuales un diálogo con los autores. Reconozco que no se trata de leer por leer, aunque los lemas de las empresas editoriales lo subrayen, éstas quieren vender y la frase de “lee como sea, pero lee” es solo mercadotecnia.

Los libros nos remiten a otros libros, a otras referencias, a nuevas búsquedas e interacciones. Nos remiten a la posibilidad de comprender las historias de otros y a que las nuestras de algún modo se pongan a prueba. Creo además que siempre es favorable leer a los autores en su propio idioma. Este año he leído el libro de George Harrison “I, me, mine”, y ahora que los Beatles están nuevamente en las pantallas con el documental “Get Back” me ha sido posible comprender mucho de su historia y de su trabajo musical.

“I, me, mine”, escribió Harrison, debió haberse llamado The Big Leather Job, pero podría ser visto como “Little ego detour”. En su introducción concluye: “I have suffered for this book; now it´s your turn”. El libro dice mucho de la vida de Harrison, de sus canciones, de su relación con los propios Beatles, pero también con otros grandes músicos de la época. Dice mucho de su perspectiva acerca del Ego y de cómo se escabulle en sus tres variantes: I, me mine. Bien puede decirse que Harrison fue el Beatle con un toque de misticismo que impregnó en sus canciones. De modo personal disfruto mucho la canción Something, según Harrison la canción fue escrita en el piano mientras hacían el álbum Blanco, aunque no apareció en ese disco porque ya habían terminado todas las pistas. La versión de James Brown interpretando Something fue su favorita y si alguien la oye estaría muy de acuerdo. Tomando una copa de vino se puede disfrutar de esta maravillosa canción: Something in the way she moves, attracts me like no other lover…

Un autor que he considerado como el mejor fruto de la relación entre la filosofía y la literatura es Albert Camus. Los ensayos que aparecen en El mito de Sísifo son de lo mejor.

Con una gran madurez intelectual y profundidad filosófica aunado a su vena literaria, Camus asienta que no hay sino un serio problema filosófico, y este es el suicidio. Juzgar si la vida vale la pena vivirla o no… Desde luego que la pregunta que nos invita a hacernos es: ¿Qué es lo que hace que la vida valga la pena? Camus señala muy claramente “lo que es una razón para vivir es también una excelente razón para morir”. Su argumento dice así: “Veo mucha gente morir porque consideran que la vida no vale la pena. Veo a otros paradójicamente morir por las ideas o ilusiones que les dan una razón para vivir”. Señala enfáticamente: “concluyo que el significado de la vida es la más urgente de las cuestiones”.

En nuestros tiempos, casi a punto de iniciar el año 22 de este siglo XXI, y en medio de diversas problemáticas globales que nos impactan de una u otra manera y que, sobre todo, ponen a prueba la cuestión acerca de qué es lo que hace que nuestras vidas valgan la pena… o no, bien nos podemos preguntar: ¿cuáles son nuestras razones para vivir y qué significa de modo enfático estar vivo?

En el marco de estas cuestiones acerca de qué significa estar vivo y qué es lo que hace que una vida valga la pena, bien vale traer a escena el libro de Jill Locke: “Democracy and the Death of Shame”. Este es un libro que puede sugerir algunas cuestiones, entre otras: ¿Es nuestra democracia digna de respetarse o es una democracia bañada de sinvergüenzas -gobernantes y ciudadanos-? La autora hace alusión a Aidos, diosa griega de la vergüenza y de la dignidad humana, tal alusión es una especie de lamento. Dice Locke: “El lamento se debe a que la vergüenza es una historia nostálgica de un pasado imaginado que representa un tiempo y un lugar mítico cuando la vergüenza aseguraba y regulaba la vida social”. Democracy and the Death of Shame me sugieren algunas cuestiones más: ¿Somos una sociedad de desvergonzados? ¿Requerimos de la vergüenza como para hacerla parte de la vida pública? Sin duda creo que sí y habría que decirlo: no sólo los gobernantes poseen este adjetivo de sinvergüenzas, también una gran cantidad de ciudadanos y aspirantes a políticos, acostumbrados a la dádiva política o electoral, al amiguismo o compadrazgo. La pregunta de Camus acerca de qué es lo que hace que una vida sea digna de vivirse sigue en la mesa. A seguir leyendo en este 2022.

 

 

Miguel Meza:

 

Año enriquecedor en lecturas sustanciales, el 2021 ofreció al paladar de mi espíritu el más estimulante de los alimentos. Desde la visita de nuevo a autores clásicos contemporáneos hasta el descubrimiento de novedades literarias, pasando por la sorprendente narrativa femenina actual en surgimiento, hubo de todo un poco. Por ello, es difícil recomendar de entre esa riqueza solo tres libros. Sin embargo, y siguiendo una especie de pauta genérica diferenciadora, podría seleccionar los siguientes:

  1. Homo Deus. Breve historia del mañana de Yuval Noah Harari. En este imperdible ensayo publicado en 2016, el historiador israelí Harari expone lo que se ha considerado su pensamiento y sus predicciones, los proyectos, sueños y pesadillas del siglo XXI: desde superar la muerte hasta la creación de inteligencia artificial. Todo el libro está dedicado a demostrar cómo el humanismo, el sueño humanista, que ha dominado el mundo durante trescientos años está a punto de desparecer. La idea es fascinante, inquietante (hasta cierto punto pesimista) y verosímil: el sueño humanista de llegar a ser superhumanos: inmortales, felices y dioses (es decir, llegar a ser el Homo Deus del título) implicaría la desaparición de lo que nos hace humanos para acceder a una nueva adoración: el dataísmo, la tecnorreligión que ya domina de manera cada vez más envolvente nuestras vidas.

    2. Ahora me rindo y eso es todo (2018) de Álvaro Enrigue. Esta es una novela posmoderna híbrida importante dentro de la narrativa mexicana actual. El libro combina un paródico wéstern, una novela histórica, el diario del escritor, el ensayo y la novela de tesis. Como obra metaliteraria muy intertextual, experimenta con la estructura de manera radical y mezcla elementos reales y ficticios. Al estructurarse a partir de la figura de Gerónimo, el gran chamán de la guerra apache, y recrear el final de la civilización Chiricahua, el libro aborda, entre otros, tres temas principales: las identidades, las minorías y el exterminio, y trata de comprender una preocupación central: cómo en nombre de las leyes y de una idea unitaria de nación y de identidad basada en la racionalidad occidental y europeísta se desplazan, se mutilan o se eliminan otras formas de vida, que implican una cosmovisión distinta, menos estructurada, menos racional, pero también válida.3. Los nombres del aire (1987) es una obra ya clásica de Alberto Ruy Sánchez que escapa a la clasificación genérica usual. Al carecer prácticamente de intriga exterior, y resolver su intriga interior de manera simbólica, uno comprende de inmediato que el verdadero protagonista es el lenguaje poético con el cual el narrador poetiza una situación dramática y busca transmitir la experiencia del despertar sensual y el erotismo de una mujer. Construida como una partitura musical que explora la sensibilidad deseante de las mujeres, esta bellísima novela poética es asimismo un sutil relato erótico de aprendizaje con aire de leyenda árabe en la tradición de los cuentos de las Mil y una noches.

 

 

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