Homenaje de la escritora Rocío Prieto Valdivia, de Ensenada, Baja California, México, al fallecido poeta Juan Gelman (escritor de origen argentino exiliado desde los años 70 en México). La poesía es fruto del taller Covid-19 2020, dirigido por Jorge Humberto Chávez.

 

Las manecillas se apagaron en el Bulova

que  colgaba de tu mano.

Intermitente caricia.

Tus manos cirujanas del tiempo.

 

Mi corazón te sigue

en  los renacidos relojes.

Tu mirada es mía.

Tu palabra  y el tiempo.

 

Para recordar a Gelman les dejamos una arbitraria selección de sus poemas clásicos:

Epitafio

Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!

Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.

Alza tus brazos

Alza tus brazos,

ellos encierran a la noche,

desátala sobre mi sed,

tambor, tambor, mi fuego.

Que la noche nos cubra con una campana,

que suene suavemente a cada golpe del amor.

Entiérrame la sombra, lávame con ceniza,

cávame del dolor, límpiame el aire:

yo quiero amarte libre.

Tú destruyes el mundo para que esto suceda

tu comienzas el mundo para que esto suceda.

Escribo en el olvido

Escribo en el olvido
en cada fuego de la noche
cada rostro de ti.
Hay una piedra entonces
donde te acuesto mía,
ninguno la conoce,
he fundado pueblos en tu dulzura,
he sufrido esas cosas,
eres fuera de mí,
me perteneces extranjera.

Límites

 

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,

hasta aquí el agua?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,

hasta aquí el fuego?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,

hasta aquí el odio?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,

hasta aquí no?

Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.

Sangran.

 

Oración de un desocupado

 

Padre,

desde los cielos bájate, he olvidado

las oraciones que me enseñó la abuela,

pobrecita, ella reposa ahora,

no tiene que lavar, limpiar, no tiene

que preocuparse andando el día por la ropa,

no tiene que velar la noche, pena y pena,

rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

 

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,

que me muero de hambre en esta esquina,

que no sé de qué sirve haber nacido,

que me miro las manos rechazadas,

que no hay trabajo, no hay,

bájate un poco, contempla

esto que soy, este zapato roto,

esta angustia, este estómago vacío,

esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre

cavándome la carne,

este dormir así,

bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido

te digo que no entiendo, Padre, bájate,

tócame el alma, mírame

el corazón,!

yo no robé, no asesiné, fui niño

y en cambio me golpean y golpean,

te digo que no entiendo, Padre, bájate,

si estás, que busco

resignación en mí y no tengo y voy

a agarrarme la rabia y a afilarla

para pegar y voy

a gritar a sangre en cuello

 

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