Los siguientes poemas pertenecen al libro de poemas Algo sobre la soledad musical de la tierra, de próxima aparición.

 

Por Luis Alberto G. Sánchez
 

1

 

La belleza es una espiga que nos hiere. En la ventana sus pequeños filamentos nos recuerdan que todas las cosas están llenas de nosotros. Somos los peces que se lanzan contra el precipicio, cantos y letanías bajo la herrumbre de nuestra mano. Aquí la voz y entre la naturaleza y yo sólo vestigios de un tiempo, aletargado, que pasó: disonancias, volcanes, hongos y chocolates. No hay más que la vocal agotada en la garganta, la letra demolida de un nombre.

A quienes no han de vernos les queda agotar el océano en los ojos. Voces para fumar el liquen y la fe: la soledad musical que no hace falta. Queda la muda forma que traemos sellada en nuestro pecho, la nada nube que nos hierra: partículas dispersas en el volátil confín del cosmos.

 

2

 

Hay un parque edificado en los lindes de tu alma. Cada noche vuelvo, como el primer día, a escudriñar la raíz petrificada de tu diario. No sé si la mañana va a regresarnos cada mariposa, gota y copo que el frío retuvo en la nevera. Yo no sé cuántos días habré de soportar el bramar de los vagones y la fricción del viento.

Hay en cada uno de nosotros un estanque: mañana creeremos que lo hemos vencido todo y estaremos dispuestos a cantar, como transeúntes cometas, las elegías de los dioses.

 

3

 

Dejaremos empastada la fotografía, la rueca hilando y la tormenta en otro sitio fuera de sí. Nos iremos hacia la noche para encontrarnos dispersos y con otro rostro que no sea el mismo de hace años. No habrá tiempo para preguntar por los presidiarios y la libertad. Sólo nosotros y ya no el crepitante llanto de un desahuciado.

 

4

 

Cada rosa es una tumba

y cada tumba un lamento

para dos

y para nadie.

 

 

5

 

Continuamos en el exilio pero nunca envidiamos los matices que la naturaleza inventa. Es  tiempo de que el sonido trace la transparencia de la lluvia para dibujar la línea multicolor. Estar aquí es oír tu voz en la madera. Presentir y tocar núcleos. Es estar aquí donde hoy rezo tu nombre y desdigo tu futuro.

 

 

6

 

Llama a nuestro cometa

Y dile que es tiempo de volver.

 

 

7

 

Te dije que volveríamos desnudos a la clara imagen de la noche. Aún con el dolor pero con la amalgamada certidumbre que nos comunica. Con la aciaga voluntad que un día vio crecer nuestro desprecio y esperanza. La belleza es un huerto. Nosotros no tenemos más voluntad que pararnos en la vía y gritar que nada en este mundo es digno. Que no es digno el amor ni nosotros mismos y por lo tanto debe enervarse.

 

Habrá un día la voluntad de ruñir cada una de nuestras palabras.

 

 

****

 

Luis Alberto G. Sánchez (Morelos, México, 1985). Ha asistido a diversos talleres de poesía y narrativa de Quintana Roo y Puebla así como en diversas mesas de lectura. Ha publicado en algunas revistas como Tropo a la uñaSalvo el crepúsculoPalabra ebúrnea Hojas de Hierba. Colaborador del movimiento cultural “Red de la palabra aurea” realizando lecturas de poesía. Fue editor, junto con José Antonio Íñiguez, de la revista digital “Salvo el crepúsculo”. Prepara su primer volumen de poesía.

 

 

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