Autor: Mark Rothko

 

En el dictamen del fallo del Premio Peninsular de Poesía “José Díaz Bolio” de este año, dos menciones honoríficas destacaron al escoltar el primer lugar a la obra de la poeta cancunense ganadora, Sara Hernández. Uno de esos trabajos pertenece al chetumaleño David Alejandro Pimentel, el cual, con su trabajo “Algo inmenso me crece por lo ojos”, se hizo acreedor de un pequeño aliciente por parte de uno de los certámenes más importantes del sureste mexicano.

 

 

 

De Algo inmenso me crece por los ojos

 

Por David Alejandro Pimentel

 

 

 

III.

 

 

Mi padre recorría las calles de la ciudad
balanceando el humo del tabaco,
haciendo suya la taquicardia y aquello negro que crecía en él.

Sabía desde lo hondo de sus ojos que algo lo invadía desde hace mucho
con la inquietante lentitud que no transcurre.
La tarántula de su corazón recorría todas las cavidades subterráneas.
Cada parte de su cuerpo reclamaba algo diferente.
Desde el fondo de sus ojos me llamaba con una voz que no entendía.

Aquella tarde lo supe
cuando se cubrió de sombra la esquina de la calle.

 

 

V.

 

Y Dios amaneció con el ojo rojo,
había algo dentro de él que le impedía mirar.

Eso cantaron las aguas antes que la mano interviniera
con nubarrones portentosos.
Las algas se ciñeron a los cráneos para adormecerlos.
Dios no podía decir palabras ni sílabas,
no había verbo revelado.

Su mirada concéntrica era un signo de plaga submarina,
un rio de lava estriado, arena del desierto,
humeante nervadura rompiéndose en su primera visión del mundo.

El nervio le saltaba en la pupila.
Las serpientes le picaban el misterio del ojo,
su iris era nulo porque en él crecía la clara conciencia
de espesas figuras geométricas que dilataban lo primigenio de lo oscuro.

 

 

XVI

 

El agua vuelve hacia su fondo,
se arrastra en su seno de simiente cenagosa,
se lengua opaca y movediza.
La forma del sol se desdibuja tras las deshilachadas nubes de cobalto.

El día nos tiende en sus manos
los signos rotos de otros tiempos sin nombres ni fechas.
Las flores minúsculas crecen en nuestra boca tenebrosa y van muriendo
mientras masticamos las palabras.
¿Qué otro significado puede tener el día que no sea el de estas flores cenizas
y estas aguas que nos dejan?

 

 

 

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David Alejandro Pimentel Quezada (Chetumal, Quintana Roo, 1994). Es ganador del Concurso de Creación Literaria “Jonathan Delgado Martínez” (2018). Ha sido acreedor de la Beca de Literatura del Festival Cultural Interfaz, Mérida en el 2018. Sus escritos han sido publicados en revistas como “Materia Escrita”, “Gata que ladra”,  “Sumergente”, “Cracken Fanzine”, así como  en la revista internacional “Papierówka-zine” en el país de Polonia. Ha sido parte de la Antología “Historia de Cartapacios”, y “Jóvenes Escritores Quintanarroenses (Editorial Gazapo). Próximamente sus escritos están por ser publicados en la revista electrónica Círculo de Poesía y en la Antología poética de la Editorial Ariadna.

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