Reseña

Reseña | Cambio de piel: Daniel Medina o el camaleón furioso, por Armando Salgado

Medina
Medina
“XVIIi” (Ediciones 0; colección “Apariciones”).

 

 

Con motivo de la reciente publicación del poemario “XVIII”, de Daniel Medina, presentamos la siguiente reseña del poeta michoacano Armando Salgado, en donde muestra con lucidez los riesgos tomados, los aportes que entrega a la poesía actual escrita en la península, así como el entramado con el que fue armado este libro, que puede descargarse y leerse aquí.

 

 

 

Cambio de piel: Daniel Medina o el camaleón furioso

 

Armando Salgado

 

 

¿Por qué XVIII?

 

Ediciones O comentó que el poemario titulado “XVIII”, de Daniel Medina, es un “peculiar experimento de formatos”. La forma. Por otro lado, la norma. La poesía no es la excepción: hay diversas formas y normas que establecemos al escribir poemas con el afán de ampliar el proceso de creativo. En tiempos de pandemia, seguramente las autoras y autores han repensado su propia manera de escribir; tal es el caso de Daniel Medina y otras escritoras y autores que desde la Península han obtenido una serie de premios literarios nacionales recientemente. El poemario “XVIII” fue galardonado con el prestigioso Premio Punto de Partida de Poesía 2021, convocado por la UNAM, con un jurado integrado por las poetas Enzia Verduchi e Isabel Zapata, y por Emiliano Álvarez. En un primer plano “XVIII” me remontó a un posible libro sobre música, pero cuando lo exploré comprendí que la música tenía forma de litografías.

 

Daniel usa de médiums las 18 litografías de varios tamaños que realizó el pintor abstracto Barnett Newman en diferentes tipos de papel, en donde se pueden apreciar colores lisos y sólidos con identidad propia. Es interesante la manera en la que Medina hurga cada litografía para sumar datos e ideas que mezclados forman un conjunto de poemas donde se experimentan no solo formatos, sino impresiones sofisticadas en torno a una serie de colores y sombras. Se suma la forma con el fondo para que el poeta hable a través de esos pliegues infinitos, desde cierta brevedad. Daniel Medina lo hace bien. Recordemos que para algunos expresionistas abstractos como Mark Rothko el color era `simplemente un instrumento´, nada más. En el poema I de “XVIII” hay una aproximación en dos versos al nuevo génesis de la creación: la transparencia del plástico, el fondo traslucido, la influencia colocada para develar el misterio de lo dúctil:

 

un dios-Pez en una bolsa de plástico […]

[…] su sueño es que lo blanco deje de ser blanco.

 

 

 

La poética de Daniel Medina

 

 

¿Pero qué hay detrás de este experimento verbal de Medina?, ¿qué hay en torno al expresionismo abstracto a la que perteneció Barnett Newman? Sería muy reconfortante escuchar la opinión de Adolfo Castañón sobre esta vanguardia y sus vínculos con México. Daniel en su libro: “Una música extraña” (Sombrario ediciones, 2018) se adelanta a “XVIII” con los siguientes versos que se vinculan indirectamente a las litografías de Barnett Newman:

 

La breve escritura en las paredes confirma tu naturaleza

tu imposibilidad de vivir en el presente.

 

¿Anticipación o retrospectiva? Los intereses de Daniel se ligan no solo a las artes visuales sino al estudio del lenguaje, a la música, a la cultura pop. Conjuga y abreva variadas influencias para modelar sus poemas-artefactos desde el verso libre. En sus primeros libros publicados se aprecia un lenguaje lírico puntual. Posteriormente se valora la intención por migrar al punto intermedio donde la imagen es `simplemente un instrumento´ para compartir la experiencia vertida, extensión de sus reflexiones que nos acerca a sus propias búsquedas. En su poemario “Médium” (Sangre ediciones, 2018) se aprecia la intervención de imágenes para nombrar y desdecir al lenguaje, lo desarma porque: El lenguaje se rompió en variaspiezasy a veces la poesía sigue siendo inútil.

 

 

Las influencias

 

 

En cierta ocasión tuve la oportunidad de preguntarle a Eduardo Langagne sobre la diferencia de tonos entre poetas jóvenes y poetas consagrados, me habló de la experimentación notoria en la poesía joven y de la precisión que un poeta maduro construye con el paso del tiempo. Entendí que la curva de aprendizaje disminuye en la obra madura una vez que se logra mantener de forma continua la calidad de esta, lo que reduce el riesgo de experimentar. En la juventud el ensayo consigue, algunas veces, sincronizar con la precisión de la obra en ciernes, pero en otras el intento es fallido, lo que provoca nuevas búsquedas para sofisticar una identidad que será inamovible o plástica según los intereses de la autora o el autor. Ante la idea de una voz única en la poesía mexicana, ¿qué es lo que limita hurgar otras posibilidades para no construir ese camino único, sin dejar de cimentar un estilo sofisticado pero polifónico, así como el equilibrio entre precisión y experimentación? Es lo interesante del poema, sus caminos polisémicos como lo externa Enrique Linh, tan flexibles para elegir lo que mejor nos complazca.

 

En el caso de Daniel observo un interés por migrar su lenguaje, experimentar tonos e intervenir imágenes en el material impreso. Eso le ha permitido tender puentes entre conceptos y escritura, así como ampliar su experiencia a través de la pantalla. Lo refrenda en los versos del poema “Cattelan”, del libro electrónico “El sonido de los cascos al chocarse” (Poesía Mexa, 2020) en donde la imagen sobresale de la realidad para sobreponer otra imagen en la solidez de un muro, es decir, el poema es empotrado dentro de la pantalla:

 

Pero dejé la poesía

para empotrar caballos

en las paredes.

 

Lo deja claro en el poema IV, de “XVIII”, exactamente en la franja horizontal de color negro, donde la línea vertical de la litografía de Barnett es intervenida por Daniel a la par que hace alusión a otro pintor abstracto, el escritor francés Alphonse Allais, quien publicó un monocromo en 1897 en el que sobresalen unas partituras en blanco, titulado: “Marche funèbre composée pour les funérailles d’un grand homme sourd” (Marcha fúnebre compuesta para las exequias de un célebre hombre sordo) porque para Alphonse Allais `las grandes penas son mudas´. Alphonse Allais se anticipa a John Cage, quien compuso la pieza musical 4´33´´ (1952), la cual puede ser interpretada por cualquier persona porque el silencio es el artífice de la pieza musical durante 4 minutos y 33 segundos, idea que retomará Alessandro Baricco en su novela “Tierras de cristal” (Anagrama, 1998), donde Pekisch busca una nota inexistente la cual tañe infinitamente con el silencio de su funeral, o con la contundente respuesta de Eduardo Galeano cuando murió su amigo Mario Benedetti en 2009: `El dolor se dice callando´:

 

Medina

 

Cuando Daniel Medina cita a Alphonse Allais nos introduce por un agujero oscuro entre el teatro de la realidad y las cuevas que tienen salida al otro lado de las influencias donde también resalta el nuevo realismo y los lienzos planos y azules de Yves Klein, la verde amarella y los nombres de futbolistas brasileños que aparecen como la alineación perfecta para el poeta (poema XII), basados en la litografía del mismo número, de Barnett Newman.

 

 

Encore

 

En este viaje del poema que Daniel propone de forma sintética, cada litografía es acompañada por las referencias personales que el autor engarza con precisión y soltura generacional lo que lo vincula a otras referencias que tejen la gran red de las influencias que a todos nos atañen: destaca Diane Arbus y el autor del anime “Evangelion” (1995), los nombres de las máquinas que han explorado Marte, los variados significados de la palabra rojo, las coordenadas de un lago de sangre en Irak, la presencia de la poeta chilena Soledad Fariña, Paul Celan, un comercial de fútbol o la imagen de una mítica esponja lavatrastes. Asimismo, otras capas que nos llevarán a nuevas profundidades para entrever el carácter multifacético del poema en el intento de ser escrito de 18 maneras diferentes. Sugiero indagar la página web del Museo de Arte Moderno de Londres para hacer placentera la lectura de este poemario, y así apreciar, uno a uno, los poemas de Daniel Medina y las litografías de Barnett Newman. O lo contrario, disfrutar cada material por separado.

 

 

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Armando SalgadoArmando Salgado (Uruapan, Michoacán, 1985). Ha escrito diez libros de poesía: Tierras altas de Mato Grosso (CONECULTA-Chiapas, 2018; Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2017); La generación de la angustia: poetas nacidos entre 1936 y 1985 (PuertAbierta/Secretaría de Cultura de Campeche, 2018); Premio Internacional de Poesía Ramón Iván Suárez Caamal 2017); Relámpago Molido (Mantis Editores/Gobierno del Estado de Guerrero, 2016; Premio Nacional de Literatura Ignacio Manuel Altamirano en Poesía, 2016), Cofre de pájaro muerto (Ediciones de Punto de Partida, UNAM, 2014; Premio de Poesía Joaquín Xirau Icaza para obra publicada, 2015, otorgado por el Colegio de México a través del Fondo Xirau Icaza), entre otros. Antologador junto con José Agustín Solórzano de Parkour Pop.Ético «o cómo saltar las bardas hacia el poema» (SEP/DGESPE, 2017).Es integrante de la Sociedad de Escritores Michoacanos.

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