Reseña

Reseña | ¿Publicar o no publicar? Tres óperas primas peninsulares, por David Anuar

¿Publicar o no publicar? Tres óperas primas peninsulares

 

 

Por David Anuar

 

Contemplar las palabras

sobre el papel escritas,

medirlas, sopesar

su cuerpo en el conjunto. 

 José Agustín Goytisolo

 

 

Corría el año 2011 cuando conocí a Ileana Garma y Adán Echeverría en el Italian Cofee de la calle 60, a unas cuadras del Instituto Tecnológico de Mérida. No recuerdo cuál fue el motivo de la reunión. Sospecho que, junto a otras dos amigas, nos habían invitado a presentar la plaquette Y el estado de sitio (2011), de Ileana, publicada por la editorial que por aquel entonces ambos manejaban: Catarsis Literaria El Drenaje. En el curso de esa entrevista que sostuvimos, comenté tímidamente que yo también escribía (apenas garabateaba mis poemas), que me gustaría saber más sobre su editorial y la posibilidad de someter un manuscrito a dictamen. Me dijeron que les escribiera y les mandara mi texto. Fue así que tuve la oportunidad de publicar mi primera plaquette, Erogramas, en una editorial que en aquellos días del 2011 también dio a conocer las obras de otros novelísimos autores jóvenes como Marco Antonio Murillo y su Muerte de Catulo, Jorge Manzanilla con su poemario Que me sepulten recostado en la palabra o Esaú Cituk Andueza con Sin calma (2011), por sólo mencionar a algunos.

Con 10 años de por medio, todavía hoy me pregunto si debí publicar aquellos poemas llenos de cursilerías, facilismos e imitaciones de los autores que leía con fruición en esos días: Sabines, Neruda, Girondo. Si tuviera que editar nuevamente esa plaquette con la experiencia y el rigor que hoy me acompañan, probablemente sólo salvaría dos o tres poemas. Afortunadamente para la plaquette, el que ahora escribe no es el escritor de hace 10 años. Si soy honesto, me gusta pensar que Erogramas no forma parte de mi obra y que, en todo caso, fue una suerte de calentamiento, unos cuantos litros de gasolina para continuar en la carrera de resistencia que la escritura es. Dicho todo esto, ¿debí publicar aquellos poemas? Hoy, pienso que no; para mi yo de aquel entonces seguramente fue un primer paso vital. No hay, pues, respuesta sencilla para la pregunta que ostenta el título de este texto. El pasado en el pasado está. Lo hecho, hecho es.

Y este primer ejercicio autoreflexivo que he realizado no es otra cosa que eso que describe José Agustín Goytisolo en el epígrafe: contemplar las palabras que uno a escrito, medirlas, sopesarlas en sí mismas y en el conjunto de la estructura; en fin, pasar por ellas el necesario filo de la crítica. Ahora bien, hacer este ejercicio con la propia obra es nutritivo, pero doblemente nutritivo es cuando son ojos ajenos los que sopesan lo que hemos escrito. Así pues, en el último cuarto del 2021 han aparecido tres plaquettes, óperas primas, de escritores y escritoras peninsulares: Mientras nacen las ciudades de Natalia Gómez (Campeche), La memoria es un jardín en la cabeza de David Alejandro Pimentel (Chetumal) y Diálogos con mi sombra de Vanessa Mercado Álvarez (Cancún). Dicho esto, paso a revisar sus propuestas, sus hallazgos y también sus falencias.

CiudadesMientras nacen las ciudades de Natalia Gómez es una serie de siete poemas publicados por el Proyecto Escuela de Escritores Campechanos en formato digital e impreso. Estos poemas de tono amatorio alternan entre el génesis de la ciudad, el cuerpo, el espacio y la relación amorosa. Este génesis es proyectado a la identidad misma del yo lírico dialógico quien constantemente apela a una Eva. Nunca sabemos con certeza quién es el yo lírico, aunque por las partículas gramaticales es posible saber que se trata de una voz masculina, tal vez, ¿un Adán? Este juego entre el yo lírico y Eva abre una dimensión mítica en los poemas de Natalia, un gran acierto, en mi opinión, que se conjuga con la estructura en siete partes, a imagen y semejanza del génesis bíblico y sus siete días. Esta astucia estructural también tiene su acompañamiento en imágenes que refuerzan el sentido mítico genésico:

 

Es tu tacto

–le dice el yo lírico a Eva–

el centro de un organismo

capaz de ser lodo y costilla.

 

El poema oscila entre la pérdida del yo amado y su re-encuentro momentáneo. En este sentido, en los poemas hay imágenes afortunadas como la siguiente: “tus despedidas / siempre sabrán a ciudades cayendo por mi espalda”. Sin embargo, hay otros textos que se sienten genéricos, sobre todo en el uso del lenguaje. He aquí mi principal crítica a esta plaquette. No hay riesgo en la elección de las palabras, muchas de ellas se sienten trilladas o de abolengo poético, curiosamente, las peores palabras para escribir poesía. Quizá el mayor hallazgo a nivel lingüístico radica en la introducción de la cultura pop en el primer y último fragmento donde:

 

Led Zeppelin está de fondo,

fumas,

nos colocamos uno frente al otro

como unos edificios sin país.

 

Sin embargo, esta intuición ledzeppelineana se siente accesoria y ambiental pues no se retoma en el texto en ninguno de los fragmentos. ¿Por qué está Led Zeppelin de fondo?, ¿por qué es relevante para el universo de estos poemas? ¿cómo impacta eso al yo lírico o a su interlocutor?, ¿escuchamos alguna vez algún fragmento de sus canciones?

En suma, esta ópera prima de Natalia Gómez me parece sólida, donde ya bosqueja intuiciones valiosísimas que, no obstante, es necesario cultivar y desarrollar con mayor profundidad. Celebro la ruptura que Natalia hace entre el yo lírico y el yo autoral (¿Adán? / Natalia), la presencia de lo mítico y de la cultura pop, aún tímida, dentro de sus poemas.

Memoria
Editorial: Fósforo.

La memoria es un jardín en la cabeza del chetumaleño David Alejandro Pimentel apareció en formato impreso y digital en la ciudad de Chihuahua bajo el sello de Sangre Ediciones en su colección “Libros de la caja de cerillos”. Este conjunto de 23 poemas plantea el jardín como universo de imágenes cerradas que, no obstante, resuenan, hacen eco y, en el fondo, siempre son metáforas de otra cosa. Así, en el tránsito del libro el jardín físico se va desdibujando en otro jardín incorpóreo y mental. De igual forma, los poemas son dialógicos, en tanto le hablan a un tú poético que aparece una y otra vez a lo largo de los poemas. Su primera aparición es en el canto número II que abre con este verso: “Te sentabas en la banca del gran jardín”.

Técnicamente, los poemas de Pimentel son limpios, pulidos, respiran de una forma natural y cadenciosa en el verso largo en el cual, es notorio, el autor se siente como en casa. En líneas generales, sus poemas son breves y rara vez se detiene a dar explicaciones; en este sentido, Pimentel confía en la potencia de sus imágenes y en la capacidad de sus lectores. Adicionalmente, son patentes las lecturas que se esconden detrás del autor, las veladas referencias a Mallarme (el azar y los dados, fragmento XII), Javier España (en especial con su Presencia de otra lluvia) o Jaime Sabines (con su poema Horal en el fragmento XIX) y seguramente mucho otros autores y autoras que no alcanzo a vislumbrar entre sus versos.

Pimentel también tiene audacias. Algunas de ellas funcionan muy bien, por ejemplo, la forma en que coquetea y la da la vuelta al lugar común (río / memoria) en el fragmento IX: “El río es una nostalgia que nos moja”. Sin embargo, otras audacias no son tan afortunadas como las salidas fáciles que emplea en algunos poemas, particularmente en el fragmento X, donde la prestigiosa palabra “silencio” pareciera resolver cualquier final:

 

Entro con cuidado,

volteo las rocas y no encuentro

otra dimensión para el silencio.

 

Finalmente, a nivel de estructura, hay algunas inconsistencias, por ejemplo, al principio el jardín está muy presente en los poemas, pero hacia el final desaparece casi por completo. De igual forma, el tema del padre se siente forzado y, sobre todo, desligado del conjunto. En los primeros poemas, puntualmente en el fragmento II, hay una referencia al padre del tú poético: “Solías estar en las habitaciones de tu padre”; esta figura familiar se retoma brevemente en el fragmento XI: “Mi padre dice que hay montañas dentro del corazón / sólo hay que hacer brotar las aguas”; por último, en el fragmento XXII, el padre aparece en un poema muy logrado como un ser que ejerce la violencia: “El dolor fue entender que padre no entendía el dolor / de nuestra madre”. Sin embargo, el tema de la violencia se siente forzado en tanto que jamás se construyó un antecedente de dichas acciones del padre a lo largo del poemario.

Más allá de todos estos aspectos técnicos, hay algo en la poesía de Pimentel que me emociona, en sus poemas hay revelación, visión íntima de la realidad. Estoy convencido de que Pimentel es un poeta que sabe ver más allá de las palabras y las cosas. La memoria es un jardín en la cabeza me parece una excelente ópera prima, una que augura a un poeta que escribe desde la tradición pero que también es sensible para ver más allá de ésta. Para cerrar con Pimentel, transcribo el fragmento XV, en mi opinión el mejor poema del conjunto:

 

La lluvia es un pensamiento que cae en el pasado

y en otros tiempos que no sabemos.

 

En este sitio ahora cae la lluvia en nuestro cuerpo

como un poema que empezamos.

 

Un poema terminado es igual

que haber estado debajo de la lluvia riendo a carcajadas.

 

Editorial: El Humo.

Para concluir esta revisión, Vanessa Mercado Álvarez nos entrega Diálogos con mi sombra, publicado en formato impreso bajo el sello de Humo Ediciones. La plaquette está compuesta por tres secciones y un total de 21 poemas. Vanessa Mercado presenta una voz propia que oscila fundamentalmente en los versos cortos de arte menor (de dos a ocho sílabas). La perspectiva de sus poemas es fundamentalmente femenina (tanto en el uso del yo lírico como del mundo del cual nos habla) y, en ocasiones, feminista, como en el poema que abre el libro y que recuerda a las manifestaciones del 8M en la Ciudad de México:

 

pleamar morada

yo

 

nosotras

 

nosotras

 

bajo cielo

arañado

 

La plaquette, como ya había dicho, está dividida en tres secciones: “Mi silencio es una forma de presencia”, “Como si ser no fuera suficiente” y “Contractura”. Ahora bien, estas divisiones se sienten artificiales en tanto que los poemas no guardan ninguna lógica interna. Quizá la sección que más se acerca a tener un hilo conductor sea “Como si ser no fuera suficiente”, donde tres de los cuatro poemas utilizan la técnica del monólogo dramático. Sin embargo, el primer poema del conjunto rompe esta posibilidad. Así pues, cada una de las secciones se siente arbitraria, descocida una respecto a la otra y también respecto a la progresión general de los poemas. Este es, quizá, el mayor problema de esta plaquette. De ahí en fuera, tiene poemas memorables como “Reforma”, “La vorágine”, “Cuarto piso”, “Un domingo en el lago Piru” y, mi favorito, “Vienes volátil”. Sin embargo, también hay poemas cuya factura deja mucho que desear, y uno que incluso roza con el discurso de un libro de autoayuda titulado “Vuelvo a contactar conmigo”. Esto no debe sorprender, pues, ¿qué poeta se libra de escribir un mal poema? En general, me parece que Vanessa Mercado ha encontrado una voz y un estilo, pero aún falta camino para dejar de pensar en poemas y comenzar a imaginar libros.

Voy cerrando este texto con dos poemas que dedico a cada uno de los poetas aquí reseñados y, sobre todo, a mi yo escritor de hace 10 años con quien hoy decido hacer las paces. Por un lado, el nipón Taniguchi Buson (1716-1784) escribió en el siglo XVIII el siguiente haikú:

 

Lluvias de primavera;

¡pobre de aquel

que nada escribe!

 

¡Qué difícil es refrenar la pluma cuando la escritura es una pulsión verdadera y profunda!, ¿cómo no ser asaltado por la belleza o la crueldad del mundo? Vanessa, Pimentel y Natalia han visto la lluvia de Buson y han decidido responder. ¿Debieron cada uno de ellos publicar sus plaquettes? No soy yo quién para juzgar sus decisiones. Cada quien deberá de hacer su propio corte de caja, medir y sopesar las palabras que han escrito, como aconseja José Agustín Goytisolo en el epígrafe de este texto. Sin embargo, de una cosa estoy seguro, han dado un primer paso vital y fundante en la carrera de resistencia que es la pulsión de la escritura. Hace algunos años, atormentado por mis Erogramas, Constantino Cavafis, uno de mis poetas favoritos, me obsequió este poema que hoy les dedico a Natalia, a Pimentel, y a Vanessa:

 

El joven poeta Eumeno

se lamentaba un día a Teócrito:

–Dos años hace ya que escribo

y sólo un idilio he compuesto.

Es mi única obra concluida.

Una escalera interminable

es el arte del poeta.

Después de este primer peldaño,

ay, no ascenderé a otro.

 

–Esas ideas, dijo Teócrito,

son blasfemas e impropias.

Siéntete satisfecho y orgulloso

de haber dado el primer paso.

 

 

 

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PoesíaDavid Anuar (Cancún, Q. Roo, 1989). Poeta, dramaturgo y traductor. Licenciado en Literatura Latinoamericana (UADY, 2013) y maestro en Historia (CIESAS, 2018). Becario del PECDA (2012, 2015) y de la Fundación para las Letras Mexicanas (2018-2020). Ganador del Concurso de Cuento Corto Juan de la Cabada (2011), del Premio Francisco Javier Clavijero a la mejor tesis de maestría (2019), del Premio Estatal de Poesía Tiempos de Escritura (2020) y del Premio Nacional de Literatura Joven Salvador Gallardo Dávalos (2020). Autor de Erogramas (2011, Catarsis Literaria El Drenaje), Cuatro ensayos sobre poesía hispanoamericana (2014, Ayuntamiento de Mérida), Bitácora del tiempo que transcurre (2015, Ayuntamiento de Mérida), Estrellas errantes (2016, UAEM) y Memoria de Gabuch (2020, ICAQROO). Editor de la antología Contramarea. Breve antología de poesía joven de Quintana Roo (2017, Plataforma Colectiva), y de la obra completa de Adriana Cupul Itzá, Y mi cuerpo no ha muerto. Poesía recuperada (1993-2002) (2019, IMCAS). Su obra poética y narrativa ha sido traducida al inglés.

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2 comentarios

  1. Si consideras que se salvan dos poemas de ese primer poemario es un gran número. Pienso que publicar es bueno en cuanto a que supone un corte, un balance y un gran crecimiento; palpar esa transición. De otra manera no serías el escritor que eres hoy, porque ese paso te dio la confianza necesaria. Saludos David, excelente trabajo.

  2. Querido Luciano, tal vez fui muy optimista con el número, jajaja. Pero sin duda, aquello que vamos publicando siempre sirve como una suerte de combustible para mantener encendida la llama de la escritura. A veces es necesario escribir mucha paja para llegar a algo perdurable o, al menos, consistente. Saludos de vuelta con un abrazo.

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