Insectos

Insectos

 

 

Por Diego Jemio

 

“En la colmena, el individuo no es nada, no tiene más que una existencia condicional, no es más que un momento indiferente, un órgano alado de la especie. Toda su vida es un sacrificio total al ser innumerable y perpetuo del que forma parte”. El fragmento forma parte de “La vida de los insectos. Abejas, hormigas y termitas”, de Maurice Maeterlinck. Y, de alguna forma, condensa el espíritu del libro.

Ganador del Nobel de Literatura en 1911, el escritor belga fue el exponente del teatro simbolista, una corriente que se declaraba enemiga de “la declamación, la enseñanza y la falsa sensibilidad” en las artes escénicas.

El ensayo, publicado por la editorial argentina Interzona, reúne por primera vez en un volumen tres libros del autor: “La vida de las abejas”, “La vida de las termitas” y “La vida de las hormigas”. A lo largo de poco más de 400 páginas, el belga ofrece una magnífica mirada de los insectos, lejos del tratado de entomología y cercana a la mirada filosófica y política de los animales.

“El objeto del observador no consiste en maravillar sino en comprender”, dice -quizás se dice-  Maeterlinck en un pasaje del libro. Sin embargo, él hace ese trabajo dual de maravillar al lector e intentar comprender el comportamiento de los insectos, más allá de lo que dicen los estudios científicos, a los que cita con seriedad y sin caer en el lirismo indefinido de las comparaciones.

En algunas de las páginas, escritas con una prosa exquisita y llenas de imágenes de la vasta naturaleza de los insectos, Maeterlinck se sorprende -y hace lo mismo con sus lectores- como un niño. Habla de las relaciones espirituales de las abejas, define hermosamente el vuelo nupcial de una abeja reina virgen y las razones que tienen estos animales para construir sus panales con celdas hexagonales perfectas.

Si en el libro de las abejas todo es sol, perfume, vuelos y polen, el mundo de las termitas es también -y por contraposición- fascinante por su antítesis. Allí todo es tinieblas, opresión y mundo subterráneo en una vida nada despreciable. En definitiva, estas hormigas blancas preceden en cien millones de años a la aparición del hombre sobre nuestro planeta.

“Las termitas han conocido mucho antes que nosotros las ventajas de una especie de calefacción central”, cuenta Maeterlinck al describir las termiteras, sus galerías y la circulación del aire caliente y frío por cientos de pasadizos de la vivienda.

Aun en lectores que no sean amantes de la naturaleza, el escritor maravilla con su mirada a medio camino entre el descubrimiento científico, literario y filosófico. Nunca cede a la tentación de añadir a lo maravilloso real un maravilloso imaginado. En el juego de espejos entre animales y humanos está la magia de este libro. Incluso, en algunos pasajes, el autor se burla de la percepción elevada que tenemos de nuestra especie.

“¿De qué está hecha esa conciencia de la que estamos tan orgullosos? De mucha más sombra que de luz, de mucha más ignorancia adquirida que de conciencia, de muchas más cosas de las cuales sabemos que debemos renunciar a conocerlas que de cosas que conocemos. Sin embargo, constituye toda nuestra dignidad”, escribe con gran precisión.

El devenir de estos singulares insectos es sólo una excusa. Maeterlinck cuenta maravillas que no vemos y en la que nunca reparamos. Se sorprende con los enigmas de la naturaleza. Y propone que en nuestro corazón reine la curiosidad.

 

 

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Diego JemioDiego Jemio es periodista, docente y podcaster. Trabajó en los diarios El Siglo y La Gaceta de Tucumán. Actualmente, colabora en Clarín, Todo Teatro, BBC y otros medios de Argentina y el exterior. Participó del libro “Crónicas de acá, primera antología de periodismo narrativo de Tucumán”. Dicta talleres de escritura, producción de podcast y literatura epistolar. Es cocreador de los podcasts de viajes Bitácora y de cartas Epistolar.

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