Reseña

Reseña | Sobre «Bucle» de Alejandra Olson, por Manuel Illanes

Bucle
Bucle
Foto: La Real Escrúpulos Magazine

Sobre Bucle de Alejandra Olson : A pig in a cage on antiobiotics

 

Por Manuel Illanes

 

En 1997, Radiohead publicó “Ok Computer”, disco considerado hoy en día una obra maestra del rock. Frecuentemente comparado con “Dark side of the moon” de Pink Floyd, en tanto epítome de una época completa, el álbum de la banda de Oxford contenía una serie de temas que alcanzaron los primeros lugares en las listas de popularidad, tales como “Paranoid android”, “Karma police” y “No surprises”. Sin embargo, dentro del conjunto de brillantes canciones que integraba el álbum hubo un tema que pasó relativamente desapercibido, quizás debido a la densidad del mensaje que portaba. Me refiero a “Fitter happier”, una canción donde una voz robotizada nos da cuenta del ethos característico de los 90’: dedicación absoluta al trabajo, aumento de la productividad, ascética de los sentidos. Todos estos temas se encuentran desplegados en “Fitter Happier”, en oposición a ese sentimiento de malestar general que atraviesa “Ok Computer” y que hace de él un disco melancólico y depresivo.

Este irónico elogio del trabajo que se presenta en el tema de Radiohead no nos habla, por supuesto, de los rasgos negativos que adquiere el funcionamiento promedio de éste en nuestro (eterno) presente capitalista; no menciona los riesgos del abuso de antidepresivos, que se utilizan, en muchos casos, para sobrellevar el ritmo frenético de labor por parte de los “emprendedores”; no señala el vínculo íntimo que se establece entre enfermedad mental y explotación económica; no explicita las consecuencias de un derrumbe individual en el aquí y ahora del capitalismo. Estos elementos, que constituyen el lado oscuro de la entronización del trabajo en la sociedad posmo, son los que recoge Alejandra Olson en su más reciente poemario, Bucle, editado por Niño Down Editorial.

Bucle nos propone el relato en primera persona de un desmoronamiento (¡alerta de spoiler! ¡alerta de spoiler!), el de un sujeto X, trabajador, que ve reducida su existencia a la repetición asfixiante de ciertos gestos, que él mismo parece imponer al mundo que le rodea (como una manera quizás de generar un entorno seguro y reconocible a su alrededor) pero que, en realidad, le son sancionados por una condición trastornada que lo antecede y supera y sobre la que el texto es lo suficientemente explícito: no sólo porque ésta queda evidenciada a través de las frases constantemente reiteradas (“me lavaré las manos”; “revisaré los cubiertos”; “limpiaré la computadora”; “arrastraré 1”; “arrastraré 2”) o por la insistente apelación a la presencia de microorganismos dañinos para el sujeto, sino por el tono general del discurso, de carácter delirante y despersonalizado, que responde, a grandes rasgos, a una persona que sufre de un trastorno obsesivo compulsivo, lleno de tics y preso de una rutina que se vuelve infernal.

A propósito de este sujeto que quiere reglamentar el mundo, por intermedio de sus hábitos obsesivos, pero que termina, finalmente, siendo gobernado por ellos, Anselm Jappe, filósofo alemán, escribe en La sociedad autófaga lo siguiente: “Toda sociedad fetichista es una sociedad cuyos miembros siguen reglas que son el resultado inconsciente de sus propias acciones, pero que se presentan como potencias exteriores y superiores a los hombres, y en las que el sujeto no es más que el simple ejecutor de las leyes fetichizadas”. La aseveración  de Jappe entronca directamente con un viejo (y, de acuerdo a mi punto de vista, siempre vigente) concepto marxista, el concepto de alienación. Planteado por primera vez en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, la idea es explicada por Marx, de manera básica, así: “El obrero es más pobre cuanta más riqueza produce, cuanto más crece su producción en potencia y en volumen. El trabajador  se convierte en una mercancía tanto más barata cuantas más mercancías produce. La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. El trabajo no sólo produce mercancías; se produce también a sí mismo y al obrero como mercancía y justamente en la proporción que produce mercancías en general […] Este hecho, por lo demás, no expresa sino esto: el objeto que el trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un ser extraño, como un poder independiente del productor”.

En términos amplios, la anterior definición se ajusta al proceso de cosificación que la rutina obsesiva produce en el sujeto X hasta llevarlo al desmoronamiento de su psique y al quiebre de sus relaciones personales (representadas, en este caso, por “la esposa”). Esa cosificación no sólo termina convirtiéndolo a él en una suerte de “androide paranoico” que repite gestos de acuerdo a tiempos determinados (“sonará el despertador / lo detendré tres veces = / quince minutos”) y parámetros estrictos (“trapo 10 x 10 centímetros / ni más ni menos”) sino que se extenderá de forma delirante al universo que lo rodea, un mundo de limpieza omnipresente (“y lavaré las manos / lavaré las manos / lavaré las manos / la piel se estirará como látex / aseguraré cerrar la llave / limpiaré el lavabo”) y de un orden tan exageradamente preciso que termina siendo una mascarada de un habitar humano (“mediré milimétricamente / las hojas del cajón / y ordenaré por tamaños / lápices y colores”). Incluso alcanzará al único individuo realmente vivo de su mundo, su pareja, que es una y otra vez reducida al papel de “la esposa”, mero objeto inanimado que, desde su perspectiva, sólo debería obedecer órdenes (“la esposa bajará”; “la esposa lavará los trastes”; “la esposa no saldrá de casa / tendrá la lista de deberes / escrita con letra inmejorable”; “la esposa moverá cosas”, entre otras), pero que, en el clímax de esta anti-historia de amor, reivindicará la posibilidad del cambio y la transformación abandonando al sujeto X, con el objeto de salvarse de una inminente cosificación.

Existe otra dimensión que apoya la idea de hacer una lectura de Bucle a partir del concepto de alienación marxista: la dimensión temporal. George Lukács (no confundir, por favor, con el director de “La guerra de las galaxias”), en uno de los artículos que conforman “Historia y consciencia de clase”, su libro más famoso, titulado “La cosificación y la conciencia del proletariado” señala al respecto: “con ello pierde el tiempo su carácter cualitativo, mutable, fluyente; cristaliza en un continuo lleno de “cosas” exactamente delimitadas, cuantitativamente medibles (que son los “rendimientos” del trabajador, cosificados, mecánicamente objetivados, tajantemente separados de la personalidad conjunta humana) y que es él mismo exactamente delimitado y cuantitativamente medible: un espacio”. Esto corresponde a uno de los aspectos de la alienación que Lukács discute en “Historia y consciencia de clase” y se adecúa al modo en que el tiempo es tratado en el texto de Olson: no como una instancia donde se ejerce la libre voluntad del sujeto X, sino, todo lo contrario, como un eje del mundo que conlleva el aprisionamiento de la conciencia y una suerte de tortura reiterada que se ejerce sobre el cuerpo (“Las manecillas darán la hora exacta / serán las seis de la mañana / abriré los ojos / despertaré a la esposa”), a la manera de la máquina que, en el relato En la colonia penitenciaria de Kafka, tatúa los supuestos delitos cometidos por el protagonista sobre la piel. Lo que observamos en Bucle es, precisamente, la imposición de este tiempo cristalizado, como dice Lukács, cosificado sobre el tiempo humano, que deja de pertenecer al sujeto para devenir una prisión para él.

¿De todo lo anterior debemos deducir que Alejandra Olson es una autora marxista?

¿Que Bucle es una manifestación del método materialista histórico?

Ni dios ni el diablo lo quieran.

Mejor, y para terminar, sigamos repitiendo, como en un bucle interminable y perfecto, la letra del tema de Radiohead, hasta que la creamos:

Fitter happier

More productive

Comfortable

Not drinking too much

Regular exercise at the gym (3 days a week)

…A pig

In a cage

On antiobiotics.

 

 

 

También te puede interesar:

Poesía | Paisaje con ruinas [Fragmentos], de Manuel Illanes

 

 

****

Paisaje con ruinasManuel Illanes (Santiago de Chile, 1979). Maestro en Letras Mexicanas por la UNAM. Autor de los libros Tarot de la carretera (Fuga, Chile, 2009), Crónica de Tollan (Piedra de Sol, Chile, 2012; La Ratona Cartonera, México, 2013), Memorias del inframundo (Mantra Ediciones, México, 2016), Paraíso inc. (Ediciones Ojo de Golondrina, México, 2018), Diario de la peste (Go Ediciones, Chile, 2019) y Paisaje con ruinas (2021).

También le puede gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.