Casa
Imagen: Una casa es un cuerpo (Editorial Edhasa).
Por Diego Jemio

 

“Sudha y Vinod tuvieron un casamiento modesto. Por insistencia de los padres de los dos, Vinod había entrado a caballo. Era la temporada de casamientos en Delhi y todas las noches las calles se llenaban de ruidosos bailes de las familias de los novios (…) A Sudha le habían cubierto el cuerpo de cúrcuma la noche anterior. No creyó que fuera a disfrutarlo, pero el placer de ser tocada por tantas manos amorosas era innegable”. “Vaya a su casa a estar con su marido. Él necesita una buena esposa que le prepare los almuerzos. Así es como usted lo ayuda. Sea buena y dulce y amable con él y hágalo sentir un hombre”.

Los dos fragmentos forman parte de distintos relatos de “Una casa es un cuerpo” (Editorial Edhasa), el primer libro de la escritora de origen indio Shruti Swamy. Radicada en San Francisco (Estados Unidos), es una de las niñas mimadas de la nueva narrativa estadounidense y ganadora en dos oportunidades del Premio O’Henry, uno de los galardones más importantes para las narrativas breves en ese país. Las líneas que inician esta reseña condensan de buena forma el espíritu de su obra. Así como sucede en El Arquero, acá también la India está flotando en el espíritu de los relatos; no sólo está presente como una escena de los cuentos -tal como sucede en el casamiento de Sudha y Vinod- sino como parte de una cosmovisión y una forma de vincularse, principalmente de las mujeres.

A lo largo de doce relatos y unas 200 páginas, Shruti Swamy narra lo cotidiano de forma mágica. Y lo mágico como si fuese lo más ordinario del mundo. La llegada de una vecina nueva, por ejemplo, es el espacio para contar la violencia doméstica que ambas mujeres sufren; la reacción de una madre -a cargo de una hija enferma- ante un incendio forestal es una metáfora brillante sobre la soledad de la crianza y la desesperación.

También se permite contar la historia de una actriz especializada en risas para hablar de cierta amabilidad a la que se ven forzadas las mujeres. “Una risa significa. No sólo alegría. Soy una artista de la risa. Artista es sin duda un poco pomposo, aunque en realidad es también mi título oficial. Artista, si es que me lo merezco, porque no tengo sólo una única risa buena, sino muchas”, escribe.

Aunque el sesgo de sus historias es feminista, el tono de la escritora está lejos de los discursos que solemos leer -o al menos en Occidente- sobre el tema y las disidencias sexuales.

Con una prosa clara y singular pero también provocativa, Shruti Swamy se acerca a los personajes con una lupa de gran tamaño; esas que tienen lentes poderosos que nos permiten ver el gramaje más pequeño de las cosas. Mira a las mujeres en su vida cotidiana, con sus dolores y alegrías pasajeras. Y lo hace con una gran compasión incluso cuando aborda los temas más delicados, como en una historia de amor de una mujer con el viudo de su hermana.

Detrás de su prosa íntima y de los múltiples “no” que reciben las mujeres, la escritora celebra esa resistencia contra el estereotipo y favor del deseo. Esa búsqueda de la belleza y de la libertad, a pesar de los pesares.

 

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Diego JemioDiego Jemio es periodista, docente y podcaster. Trabajó en los diarios El Siglo y La Gaceta de Tucumán. Actualmente, colabora en Clarín, Todo Teatro, BBC y otros medios de Argentina y el exterior. Participó del libro “Crónicas de acá, primera antología de periodismo narrativo de Tucumán”. Dicta talleres de escritura, producción de podcast y literatura epistolar. Es cocreador de los podcasts de viajes Bitácora y de cartas Epistolar.

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