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Reseña | Sumario de la poesía en Quintana Roo en 2020, por David Anuar

Poesía

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Aunque la narrativa -en especial el cuento- comienza ya a visibilizarse destacadamente en Quintana Roo, la poesía sigue siendo, sin duda, el género literario más practicado. Para muestra, presentamos esta reseña múltiple, en donde David Anuar hace un repaso crítico y certero sobre las publicaciones de poesía realizadas en el Estado durante el 2020. 

 

Por David Anuar

 

Es el primer día del año y escribo esta suma. El 2020 ha terminado y esperemos que con ello el horror de un virus que apenas comenzamos a comprender. Virus, dice provocadoramente el catalán Xavi Ayén, “se escribe con v de verso y la pandemia con la p de la poesía”. Este periodista del diario La Vanguardia señala que el 2020 fue de la poesía. Argumenta que los principales premios de literatura a nivel mundial fueron otorgados a poetas (el Nobel, el Princesa de Asturias, el Cervantes). Además, editores y libreros detectan un alza en el consumo de poesía. Quizá el confinamiento y la soledad nos han acercado una vez más a las aguas esenciales de este género.

Quiero pensar que este optimismo mundial también es aplicable a nuestro pequeño terruño a la orilla del Caribe. Claro, todo guardando las justas proporciones. Valga, pues, echar mano de la numeralia. En 2020 se publicaron 16 libros de poesía en Quintana Roo o que incluían a un poeta quintanarroense. De ellos, 12 libros fueron individuales y 4 colectivos (antologías, muestras, compendios). En total, fueron publicados 23 poetas hombres en estos 16 volúmenes. Algunos de ellos, como Miguel Ángel Meza o Ramón Iván Suárez Caamal, con más de una publicación.

Resalta aquí, a todas luces, una de las grandes deficiencias de nuestra literatura: la ausencia o poca representación de mujeres poetas. Este fenómeno ya había sido señalado por la gestora cultural Viviana Caamal en la “Nota editorial” de Sargazo. Antología literaria de jóvenes quintanarroenses. Es cierto, el panorama literario de Quintana Roo ha sido históricamente dominado por hombres y lo sigue siendo. Tan sólo basta echar un ojo al índice de Quintana Roo una literatura sin pasado. Cuento y poesía (1977-1990), donde sólo aparecen hombres, o a la lista de libros que se presenta más adelante. Sin embargo, hay excepciones y vale la pena nombrar a las poetas mujeres que forman parte de la historia literaria de nuestro terruño: Alicia Ferreira (1939-2015), Norma Quintana (1956), Adriana Cupul Itzá (1979-2005), Meztli Vianey Suárez Mc-liberty (1980), y promisoras voces emergentes como la de Sara Hernández (1999).

Dicho esto, he aquí la lista de los 16 libros con sus respectivos autores.

 

Libros individuales

  1. Antología personal, Miguel Ángel Meza
  2. La luz que va pintando, Ramón Iván Suárez Caamal
  3. El mar de todos, Ramón Iván Suárez Caamal
  4. Contar y cantar, Ramón Iván Suárez Caamal
  5. Viviridú, Ramón Iván Suárez Caamal
  6. La última oración del miedo, Rodolfo Novelo Ovando
  7. Memoria de Gabuch,David Anuar
  8. Radiografía border, José Antonio Íñiguez
  9. Quiltro Lux, Aldo Revfaulknest
  10. Uy, uy, uy, ur, ur, ur, Nicolás Gerardi Rousset
  11. Lirica del quebranto, José Luis Salgado
  12. Fosa común, Mauricio Ocampo C.

 

Libros colectivos

  1. Premio Internacional Caribe-Isla Mujeres de Poesía 2019, Miguel Ángel Meza, Cristian Poot y Omar Ortega Lozada
  2. Sargazo. Antología literaria de jóvenes quintanarroenses, Jesús Enrique Pacheco Montalbán, David Manuel Ortiz Aldana, David Alejandro Pimentel Quezada, Jorge Damián Ramírez Sánchez, Alvar Leonel Estrada Villanueva, Jesús Manuel Gómez Casango, Héctor Fabián Ramírez Kú, Jhon Mcliberty Domínguez, José Antonio Íñiguez, Cristian Poot y David Anuar
  3. Tiempos de escritura, David Anuar
  4. Confinados a dudar, Hagen David, Antonio González, Juan Rosales, Alí Benítez

 

Antes de pasar revista a algunos de los libros arriba listados, quisiera hacer un paréntesis sobre nuestra historia literaria, tradición, antecedentes o como quieran llamarle, eso es lo de menos. Algunas personas han argumentado, pobremente en mi opinión, que en Quintana Roo “no existe una tradición homogénea, propia de una sola manifestación literaria”. Tomo esta cita del malogrado prólogo de Sargazo. Antología literaria de jóvenes quintanarroenses. En primer lugar, ninguna tradición, historia o sistema literario es homogéneo o unívoco. En segunda instancia, el mero hecho de que existiera “una sola manifestación literaria” sería anular la literatura misma que es por definición diversa, subjetiva, y campo de la expresión individual. Así pues, ideas como la antes citada, parten de prejuicios filosóficos que impiden apreciar la complejidad de un sistema literario como el de Quintana Roo. El mejor medio para cartografiar una literatura según los parámetros de las teorías literarias más recientes son las aproximaciones sistémicas que dan cuenta no sólo de los autores y las obras sino de todo ese campo que los rodea y los hace posibles: editoriales, revistas, correctores, traductores, críticos, lectores, mediadores de lectura, talleres literarios, instituciones de cultura y un largo etcétera de elementos que están presentes en Quintana Roo desde la década de los 80. Algunos más desarrollados que otros, ciertamente. Sólo la ceguera más aguda podría afirmar que no tenemos una tradición literaria. Fin del paréntesis.

PoesíaPaso a revisar ahora los libros publicados en Quintana Roo o que incluyeron a poetas quintanarroenses en el 2020. Comienzo por Miguel Ángel Meza. El 2020 ha confirmado con creces que estamos ante un poeta completo. Al calificarlo de “completo”, me refiero a que es un escritor versátil que puede hablar de distintos temas (lo amatorio, la soledad, la metafísica del ser, los problemas sociales, la urbe, la violencia, el desplazamiento). De igual forma, su dominio técnico de la escritura poética es palpable, ya sea el verso libre, el poema en prosa, el monólogo dramático; o texturas tonales tan distintas que transitan de los surreal a lo cotidiano y, claro está, un arsenal retórico envidiable al cual no pasaré lista aquí. Lo que sí es relevante y nos concierne ahora, es que a principios de 2020 se publicó su Antología personal, en la cual aparecen poemas de Destellos de mareas (Praxis, 2004), El rostro que habitamos (Letramar, 2015), y uno que otro inéditoAlgunos meses después, vino la publicación de “El paseante de la sombra venidera”, texto merecedor del Premio Internacional Caribe-Isla Mujeres de Poesía 2019.

La aparición de estos volúmenes ha propiciado la relectura panorámica de este valioso poeta radicado en Cancún desde hace más de tres décadas. Al hacer este ejercicio me he percatado de algo: quizá Miguel Ángel Meza sea uno de los poetas más caribeños de Quintana Roo sin él saberlo. El gran predicamento de su poesía nace de uno de los conflictos más caribeños: la migración, el ser descentrado, la búsqueda (del sentido, el amor o la identidad). De esta forma, Meza indaga en el presente urbano de Cancún, sus contradicciones y paradojas, su belleza decadente. Tal vez, uno de los hilos que trama la poesía de este autor desde su primer libro, sea su relación con esa urbe que nació de la nada a la vera del Caribe. Mi único reclamo o, mejor dicho, petición, a este poeta que admiro, es que no nos haga esperar tantos años para su siguiente libro. Este 2020 nos ha demostrado que Miguel Meza puede ser prolífico y que, sin duda, es uno de los autores más sólidos de nuestras letras.

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Otra de las voces consagradas de nuestra literatura es el prolijo Ramón Iván Suárez Caamal. Oriundo de Calkiní, Campeche y afincado desde 1973 en Quintana Roo. Es autor de más de una veintena de volúmenes de poesía. En 2020, publicó cuatro libros en su editorial Nave de Papel, dos de ellos en coedición con Ediciones Insoportables. Este poeta de larguísima trayectoria y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte en el área de poesía desde 2019, se ha dedicado casi por completo a la poesía para niños. Una noble labor, sin duda. De los cuatro libros que publicó, sólo La luz que va pintando está dedicado a los sonetos. De los otros tres, quisiera mencionar especialmente Viviridú, pues en este ejemplar hay una infancia de cuerpo completo, sin estereotipos. Hay niños que se divierten, piensan, sufren, se quejan, y a veces, tal vez muchas, tienen miedo. Es un libro de claroscuros, donde se tocan temas delicados y de absoluta vigencia como el bullying o la soledad digital de los niños geek. Como ejemplo este poema titulado “Fábula de los corderos y los lobos”:

 

¿Quién gruñe más fuerte en la jauría, conejo?

¿A quién debes obedecer, gusano?

Eres un disco rayado de disculpas;

unas pantuflas sucias, rotas.

Eres un gordo fideo en la sopa.

Eres un eructo apestoso:

¡Sapos, culebras, asteriscos!

Eres, eres, eres, ¿eres?

 

Es necesario reconocer en Ramón Iván Suárez Caamal a un poeta de grandísimo oficio, preocupado por la dimensión lúdica de la literatura y que siempre nos recuerda en sus textos, para niños o no, que la poesía es canto.

La última oración del miedo, de Rodolfo Novelo Ovando, fue el libro ganador de la convocatoria “Publicación de poemario” del Instituto de la Cultura y las Artes de Quintana Roo. No me fue posible acceder a este título, pero consigno públicamente que se encuentra en mi lista de lectura del 2021. Una disculpa por esta laguna. Memoria de Gabuch,libro de mi autoría, recibió una mención de honor en este mismo certamen y fue, de igual manera, publicado. Por pudor no hablaré de mi propia obra. Pero aprovecho para consignar que mi poemario “Regreso a la península natal” fue premiado e incluido en el libro colectivo Tiempos de escritura, editado por la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán. Sólo añadiré que ambos textos son exploraciones en torno a la literatura caribeña.

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Radiografía border y Quiltro Lux, de José Antonio Íñiguez y Aldo Revfaulknest, respectivamente, fueron publicados bajo el sello editorial de Mantra Edixiones en la Ciudad de México. Ambos autores son voces ya reconocibles en la literatura del Caribe mexicano. Si tuviera que definir en pocas palabras este libro de José Antonio Íñiguez diría que es irreverente, irónico, mordaz, contra todo principio de autoridad (Dios, moral, familia, tradición literaria, Occidente). Imagino al autor con una risilla entre los dientes. Pero hay algo más en esta obra, una hallazgo peculiar y casi virgen en el panorama literario de Quintana Roo: una metapoesía preocupada por los vicios y prejuicios de esa bella fauna que la produce: los homeros en bikini, los bashos, los poetas caseros, los biempensantes y los cursis. Vale la pena citar el poema dedicado a estos últimos, pues varios de ellos coletean en nuestra literatura. Retomaré este punto más adelante.

 

Para un poeta cursi

 

Escribe siempre

lo que sientas

llorar, tal vez, podría servirte de algo

 

pero advertencia:

 

nadie será responsable

si tu corazón atravesado por una flecha

apunta el arco hacia ti

 

y te dice:

goodbye quinceañero.

 

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Por otro lado, Quiltro Lux de Aldo Revfaulknest anticipa desde el título algunas características de la obra. Lo primero que llama la atención es lo hipnótico del lenguaje, su sonoridad, su velamiento. ¿Qué significa?, ¿es español? Sí y no. Quiltro en el español de Chile es un regionalismo con el cual se nombra a los perros de raza mezclada, mestizos o como diríamos en la Península, malixes. Lux es un vocablo latino que significa luz. Así pues, Quiltro Luxes como decir luz mestiza, luz mezclada, luz impura. Los poemas de este libro, como el título, pueden llegar a ser crípticos. Hay en ellos una transfiguración del mundo a partir del lenguaje, donde se intuye, entre las capas léxicas, probables y misteriosas situaciones de bohemia, cantina y amor. Con saltos ilógicos, giros imprevistos, a veces hasta caprichosos, el protagonista de estos poemas se vuelve el lenguaje. Quizá la clave de lectura, y lo que vuelve a este trabajo valioso en el panormana escritural de Quintana Roo, está en una dedicatoria. El poema que da nombre al libro está dedicado a Aldoux Huxley, quien escribió Las puertas de la percepción. En esa obra,el autor inglés explora el uso de alucinógenos. Así, adquieren sentido referencias a la mezclalina, lo sónico, o la dispersión misma del lenguaje, la situación, y la realidad. En suma, este libro experimenta con el yo lírico: una apuesta por reproducir los estados alterados de conciencia a través de la poesía.

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Uy, uy, uy, ur, ur, ur del venezolano Nicolás Gerardi Rousset es un libro experimental, de difícil clasificación. Afincado desde 2018 en Tulum, este autor señala en una suerte de prólogo o nota introductoria que su práctica escritural está atravesada por lo que él denomina resemas o composición regenerativa. Estamos frente a una propuesta, quizá única en nuestro contexto. Pero a pesar del tono novedoso que el autor da a su práctica es importante reconocer que esto se ha hecho con anterioridad. Tan sólo basta con visitar la obra de Nicanor Parra o el uso del neologismo en la poesía de Abigael Bohórquez, Balam Rodrigo o tantos otros. Los resemas no son otra cosa que neologismos (por ejemplo, “sadicura”), reescrituras y apropiaciones de poemas, eso sí, con una buena dosis de humor, según declara Nicolás Gerardi. Este libro está conformado por cinco apartados. Tres de ellos son escrituras experimentales donde frases sueltas se ponen en diálogo con imágenes en una suerte de fotoreportaje, me refiero a “Pulgar oponible”, “Tastoanes” y “El fin del mundo empezó en Baruta”. Por otro lado, la sección titulada “El barro de América” es una interesante crónica ficcionalizada. Finalmente, “Caribe manifiesto” linda más en los terrenos del ensayo, y si bien me entusiasma que este autor aborde la caribeñidad creo que lo hace desde una postura aparentemente crítica que desemboca en una construcción negativa de lo caribeño a través de elementos como la precaridad, la pobreza, la alienación y la violencia. Quizá el único poema del conjunto se encuentra en el prólogo y se titula “Un resema para lxs amigxs de Marx”. De ahí en fuera, este libro me parece un experimento; un resema, en palabras del autor.  Dejo aquí un fragmento del mencionado poema:

 

¡Mira! un millar de volúmenes podría llenar

Escribiendo solamente «Uy, uy, uy» en cada línea.

Uy, uy, uy

Y aún ellas podrían ocultar un mundo de pensamiento.

La lucha de clases es el motor de la historia dije

uy uy uy.

 

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En Lírica del quebranto de José Luis Salgado, encontramos una voz peculiar por su vocación hacia lo cómico. Esta cualidad es rara y digna de cultivarse en un panorama como el de Quintana Roo, dominado por una poesía de tono solemne, muchas veces paisajista, regionalista, y en el peor de los casos, cursi, melosa, por no decir, malsana. Es patente que José Luis Salgado tiene cierto oficio: versificación, uso de rimas, e ingenio de veta popular. Sin embargo, algunas líneas adolecen de rigor o caen en el lugar común. Quizás el riesgo más grande que debe sortear este este tipo de poesía es el facilismo, la ocurrencia, el verso de ocasión. Algunos textos de este libro me recuerdan por momentos a los de Felipe Salazar alias “Pichorra”, poeta yucateco de acendrada veta humorística. Finalmente, es importante reconocer que en este volumen hay destellos de poemas, intuiciones que deben preservarse, pulirse y madurar. He aquí una de ellas:

 

Estolas, mink,

cachemira estorban.

La poesía debe caminar desnuda,

renca, manca, jorobada,

bubosa, para vernos

reflejados en ella…

 

PoesíaDesde hace muchos años vivimos en este país capítulos inenarrables de violencia. Fosa común, de Mauricio Ocampo, aborda este problema. Este libro de poesía social es desigual. Muchos de sus fragmentos no son poemas sino testimonios ficcionalizados. Sin duda, es inevitable conmoverse al leer este tomo por su crudeza. Sin embargo, este libro trastabilla en dos cuestiones importantes. Desde un punto de vista técnico, el poema se pone al servicio de la información periodística y no la información al servicio del poema. Es decir, aquí la poesía sale perdiendo. Por otro lado, y quizás ésta sea la cuestión más importante y delicada, no pude evitar sentir un dilema ético al leer los textos de Mauricio Ocampo. Así pues, ¿cómo hablar de la violencia sin reproducirla? Es una cuestión que me atormenta hace algún tiempo y para la cual no tengo respuesta. Tan sólo mi experiencia de lectura. Me temo que Fosa comúnreproduce la violencia descarnadamente para golpear al lector, sí, pero de ello a leer notas rojas en un periódico hay tan sólo un paso. Creo que este no es el mejor camino. Pienso en otras lecturas que abordan temas desimilares.Por ejemplo, la migración de centroamericanos en Balam Rodrigo (Libro centroamericano de los muertos) y Omar Ortega Lozada (Códice sin nombre); o la violencia de género en obras durísimas como las de Esther M. García (Bitácora de mujeres extrañas) e Iveth Luna Flores (Comunidad terapéutica).

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Transito ahora a los libros colectivos. El primero de ellos es el dedicado al Premio Internacional Caribe-Isla Mujeres de Poesía 2019. No hablaré más de Miguel Ángel Meza por haber dedicado ya unos párrafos a sus publicaciones. Sin embargo, es importante señalar que dos quintanarroenses obtuvieron menciones de honor y fueron publicados en este cuadernillo. “Solares”, de Cristian Poot, es un conjunto de doce poemas de tendencia paisajística, donde el autor oriundo de Felipe Carillo Puerto se aproxima al problema del tiempo y la finitud del ser humano, esa extraña permanencia de los ancestros, particularmente los femeninos. Esta preocupación se expresa a través de un sistema metafórico fundando en signos de la naturaleza: los arboles, las tormentas, los pájaros, las estaciones, la milpa, el maíz, las semillas. Sirvan estos versos para acercarse a la poesía de Cristian Poot:

 

Sentados, en torno a la mesa,

la mujer mira el cesto de maíces con ternura:

son éstas las semillas

en las que todo regresa.

 

La otra mención de honor correspondió a Omar Ortega Lozada por su poemario “La soledad es una barca con remos gastados”. Las imágenes, el uso del verso largo e, incluso, del versículo, me recuerdan a la poesía de Walt Whitman, las odas de Álvaro de Campos y los poemas de José Carlos Becerra. La anécdota de este poemario conformado por seis fragmentos es sencilla. Un hombre emprende un viaje al mar, una suerte de tour de pesca y snorkel a un arrecife; en medio de todo ello, el yo lírico experimenta múltiples fugas y y lidia con su pasado, la soledad, la condición humana. Es un poema que me emocionó al leerlo y el cual está elaborado con mucha pericia. Basta señalar cómo el autor contrapuntea el ambiente marítimo con juegos de béisbol, una relación por demás sorprendente e insospechada. Aquí una muestra:

 

“El amor es como un juego de béisbol: nunca sabes lo que va a pasar. Lo mismo

[acontece en el mar”, decía mi padre

al encender las profundas aguas de la pantalla del televisor para mirar los partidos y

[zozobrar en el vaso de wiski,

cuando revivía empolvadas travesías de su barco en la botella.

Nunca entendí por qué jamás jugué béisbol y tampoco fui pescador…

 

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Paso a otras aguas. Sobre la polémica antología Sargazo no diré mucho, pues otros escritores como Daniel Medina (“Los presuntamente innecesarios”) y Mauro Barea (“Una antología que debe ser obviada”) ya lo han hecho por extenso. Sólo dejo patente que comparto en gran medida sus opiniones y críticas. Por mi parte, sólo me resta dar la bienvenida a cada uno de los poetas que publican por primera vez o cuya inclusión significó una bocanada de aire fresco. Estar presente en una antología siempre será un paso importante en el camino de un poeta, sin embargo, es fundamental recordar que sólo es un paso y que lo vital es la disciplina, el rigor y la autocrítica.

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Llegó al último libro colectivo, Confinados a dudar de Hagen David, Antonio González, Juan Rosales y Alí Benítez. Este volumen resume todos los males que aquejan a la poesía escrita en Quintana Roo: poemas saturados de información no digerida, uso de un lenguaje neutro, explicaciones innecesarias, divagación, versos ripiosos, recurrencia al lugar común, el pensamiento en prosa cortado en forma de verso para simular un poema, y esa molesta afición pedagógica por aleccionar o transmitir un mensaje moral. Encima de todo ello, aquí se encuentran los poetas cursis, melosos. Cito una estrofa de Antonio González que permite entrever a lo que me refiero:

 

La primera lágrima,

lloro, comienzo a llorar

y lo que no he llorado

lo escribo acá

esperando se convierta poesía.

 

Y precisamente eso es lo que no sucede en este libro, no hay transmutación salvo en uno que otro poema. Así, la mayoría de los textos son explicaciones de pensamientos o sentimientos no filtrados por una dosis de técnica o conciencia poética. Tal vez, este libro debería ser, en palabras de Alí Benítez, una “[INCOHERENCIA OMITIDA]”.

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He pasado revista a los 16 libros de poesía publicados en Quintana Roo o que incluyen a quintanarroenses. Apenas comienza el 2021 y ya hay portadas circulando en redes. Entre ellas, puedo traer a colación Tan lejos y otra vez en casa, de Luciano Antonio Núñez, que será publicado en breve dentro de la colección de cuadernillos de Gaceta del pensamiento, importante iniciativa editorial liderada por Nicolás Durán de la Sierra. También quedan pendientes para este 2021 las publicaciones de los autores que ganaron premios el año pasado, me refiero a Omar Ortega Lozada con su Libro de Lot, que recibió el XX Premio Peninsular de Poesía José Díaz Bolio, y a mi persona con la obra Alguien hunde mi cabeza, galardonada con el XXXVIII Premio Nacional de Literatura Joven Salvador Gallardo Dávalos.

Para concluir, algunas reflexiones de índole general. Regreso a la numeralia. A principios de 2020 se publicó en Tropo a la uña una “Cronología de la poesía de Quintana Roo” que elaboramos José Antonio Íñiguez y quien escribe estas líneas. En ella dimos cuenta de más de 200 libros de poesía publicados. Si tomamos en cuenta que fue en 1979 cuando se publicó el primer poemario de un quintanarroense y que nuestra cronología consignaba lo hecho fundamentalmente hasta el 2019, el promedio es de 5 libros de poesía publicados por año. Cabe advertir que la tendencia viene al alza, pues en 2018 y 2019 vieron la luz 7 y 9 volúmenes, respectivamente. En 2020 aparecieron 16 libros, 12 de ellos individuales y 4 colectivos. Independientemente de la calidad de éstos, es una cifra que debe causar optimismo y alegría. Todo esfuerzo en pro de hacer crecer nuestras letras debe ser aplaudido.

Como podrá apreciarse con este sumario, la literatura que se escribe en Quintana Roo es diversa. Las propuestas transitan por lugares tan distintos como la poesía para niños, la poesía social, la poesía de veta popular y cómica, la ironía, lo surreal, el paisajismo, lo caribeño y escrituras que aspiran a ser poemas pero que todavía no están ahí. Es evidente que los libros y las voces de nuestra literatura son desiguales, sin embargo, sólo el tiempo, el crítico más riguroso de todos, será el juez definitivo de nuestras obras.

En este sentido, y con el primer día del año tocando ya a su fin, siento un espíritu de reconciliación. Si bien este sumario puede parecer duro a ojos de algunos, mi intención no ha sido otra que la de ejercer la crítica, uno de los ejercicios menos emprendidos en Quintana Roo por diversas circunstancias que no vienen a cuento ahora. Creo, honestamente, que la crítica es vital para que una literatura crezca, para observar nuestras debilidades y trabajar en nuestras áreas de oportunidad. Este texto no es una pelea contra nadie, al contrario, he dedicado mis vacaciones decembrinas a leer a cada uno de los autores aquí citados porque pienso que son valiosos o que pueden llegar a serlo. Creo que es importante leernos y trabajar en conjunto a través de talleres, revistas, antologías, publicaciones, conferencias, encuentros y cualquier otro medio y/o iniciativa. Sólo así dejaremos de ser una literatura marginal, una literatura de escritores y escritoras que viven de espaldas los unos de los otros.

 

Mérida, Yucatán,

1 de enero de 2021

 

 

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PoesíaDavid Anuar (Cancún, Q. Roo, 1989). Poeta, dramaturgo y traductor. Licenciado en Literatura Latinoamericana (UADY, 2013) y maestro en Historia (CIESAS, 2018). Becario del PECDA (2012, 2015) y de la Fundación para las Letras Mexicanas (2018-2020). Ganador del Concurso de Cuento Corto Juan de la Cabada (2011), del Premio Francisco Javier Clavijero a la mejor tesis de maestría (2019) y del Premio Estatal de Poesía Tiempos de Escritura (2020). Autor de Erogramas (2011, Catarsis Literaria El Drenaje), Cuatro ensayos sobre poesía hispanoamericana (2014, Ayuntamiento de Mérida), Bitácora del tiempo que transcurre (2015, Ayuntamiento de Mérida), Estrellas errantes (2016, UAEM) y Memoria de Gabuch (2020, ICAQROO). Editor de la antología Contramarea. Breve antología de poesía joven de Quintana Roo (2017, Plataforma Colectiva), y de la obra completa de Adriana Cupul Itzá, Y mi cuerpo no ha muerto. Poesía recuperada (1993-2002) (2019, IMCAS). Su obra poética y narrativa ha sido traducida al inglés.

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